Entrevista a Miguel Ángel Muñoz
Nombre: Miguel Ángel Muñoz
Libros: “El síndrome Chéjov”
Entrevista: Octubre 2008
Entevista de Alberto Cerezuela – www.albertocerezuela.com
“Intentar publicar un libro es un paso lógico tras haberlo acabado. Evidentemente, produce una sensación de felicidad pero también de extrañamiento, gozoso, porque siempre una página escrita gana mucho al verla editada”.
Miguel Ángel Muñoz nació en 1970 en Almería, ciudad donde reside en la actualidad. Fue incluido en la antología Narrativa actual almeriense, editada en 1992 por la editorial Riomardesierto. Ha obtenido el reconocimiento de diversos certámenes literarios de ámbito nacional, siendo ganador del Premio Ciudad de Benasque, del Premio Fernando Quiñones y finalista del Premio Agustín Gómez Arcos. Sus cuentos han sido incluidos en distintas publicaciones y revistas. El síndrome Chéjov es su primer libro.

Sé que hay gente que teme acercarse a un libro de relatos (yo mismo hasta hace pocos meses, tengo que confesarlo aunque ahora me arrepienta). ¿Qué les dirías a estas personas?
Que es infantil negarse a probar determinados sabores. Soy un lector absolutamente curioso, y por supuesto no sólo de relatos cortos. No concibo que un buen lector mantenga esos tabúes, y la experiencia me demuestra que aquella persona que se acerca al relato, repite.
¿Qué se oculta tras “El síndrome Chéjov”? Véndenos un poco el libro.
Lo único que me faltaba es tener que vender el libro… Es una recopilación de once relatos unidos por una intencionada falta de personalidad general y un acusado intento de que cada relato tenga su voz propia.
En muchos relatos utilizas la primera persona. ¿Es que te sientes identificado con sus protagonistas? ¿Algunas de las historias son experiencias personales (salvando las distancias)?
La primera persona es un elemento fundamental de la literatura moderna, y por tanto, también del relato. En todo caso, no se utiliza porque el autor esté identificado con los personajes, sino más bien para lograr la identificación del lector con ellos.
¿Qué edad tenías cuando escribirte tu primer relato? ¿Cuál fue el primero que escribiste de los que se incluyen en “El síndrome Chéjov”?
El primero que recuerdo como una historia completa, lo escribí a los catorce o quince años. El más antiguo de los incluidos en “El síndrome Chéjov” es “Los sueños deshabitados”, colofón del libro y homenaje personal, casi sentimental, a la época en que compartí la literatura con amigos cercanos como nunca antes o después.

Cuéntanos el momento en el que se te pasa por la cabeza intentar que te publiquen un libro con tus relatos. ¿Qué sentiste al tenerlo en tus manos?
Intentar publicar un libro es un paso lógico tras haberlo acabado. Evidentemente, produce una sensación de felicidad pero también de extrañamiento, gozoso, porque siempre una página escrita gana mucho al verla editada.
¿Cómo ha sido la acogida? ¿Qué te dice la gente que lo ha leído? ¿Alguna crítica que se pueda confesar?
La acogida ha sido muy buena. Lo mejor es comprobar cómo cada lector tiene su relato preferido, a veces precisamente aquel que a otro es el que menos le gusta del libro. Respecto de las críticas, no sólo se pueden confesar, sino que todas están a disposición del lector en mi blog www.elsindromechejov.blogspot.com
¿Quién te ha influido más a la hora de ”fabricar” los relatos? ¿Chéjov, Cortázar…?
Ellos y muchos otros cuentistas, pero digamos que como capitanes de equipo son magníficos.
¿Cómo ves el panorama literario actual en España y más concretamente el del relato?
Quiero ser optimista, aunque si las editoriales y los lectores no confían más en el género –si bien hemos mejorado mucho en ese terreno- me temo que no lo seré tanto en algún tiempo.
Homer Simpson, Woody Allen… algunas caras conocidas en tus relatos. ¿Sientes especial simpatía por estos personajes o ha sido mera casualidad que tengan vital importancia en varios de tus relatos?
Son iconos culturales, y como tales es divertido jugar con ellos tomándolos como máscaras contemporáneas de personajes que se refugian en ellos, simbólicamente.
El primer relato es uno de mis preferidos. ¿Hay tantos disfraces en la sociedad actual?
El primer relato quería ser una descripción satírica de la nueva religión contemporánea, el centro comercial, y del nuevo sagrado día de misa, el sábado de compras.
Permite que te diga que, para mí, uno de los aciertos de tus relatos es que comienzan ya con el desarrollo de la acción. Evitas esos preámbulos que a veces son innecesarios, lo que hacen de “El síndrome Chéjov” una obra muy dinámica y fresca. ¿Es éste un rasgo característico de tu estilo?
Me alegra ese detalle que aprecias en los relatos. Es fundamental, sí, que los relatos comiencen in media res, con la acción ya iniciada. Como en las buenas escenas cinematográficas, bien escritas. Hay un dicho al respecto por parte de los guionistas, que dice que en una escena “hay que entrar tarde y salir pronto”. Pues eso.
Si la hubieras conocido… ¿Está muriendo la poesía en el panorama literario actual? Es un género que no ha calado en el lector joven. ¿A qué se debe?
No estoy de acuerdo con eso. El lector joven –entendiendo por joven, digamos hasta los cuarenta años- lee más poesía que el maduro. Es un género minoritario, en el que vender mil ejemplares ya es ser un libro muy vendido, pero que por otro lado tiene un grupo de lectores fieles.
¿Tienes alguna manía a la hora de ponerte a escribir?
No. He escrito en las situaciones menos idóneas, y sin embargo ha habido momentos propicios para la escritura en que no he sido capaz de escribir. Lo de las manías literarias no es más que una túnica con la que los escritores gustan de vestirse, para llamar la atención. Luego cada autor tiene sus costumbres, claro, pero eso es otra cosa.
¿Qué ingredientes tiene que tener un buen libro de cuentos para que enganche desde el primer momento?
No lo sé. Mi opinión como lector es que me han enganchado libros tan distintos que no soy capaz de atar los cabos que se supone que los hace interesantes. La buena literatura no es una fórmula, y por lo tanto caben todas las posibilidades, todas las bellezas.
Soy de los que opinan que uno de los males de la literatura actual es el precio de los libros. Un ejemplar pasa por muchas manos que comen de él (editorial-imprenta-distribuidor-punto de venta-autor). Los que solemos leer bastante no vemos problema en gastarnos 18 ó 20 euros en un libro, pero comprendo que a veces la literatura parezca destinada a un público muy cerrado, incluso a una élite. ¿Qué opinas de todo esto? Para mí un libro no debería costar nunca más de 13 euros.
Vivimos en una sociedad hipócrita que se queja del precio de la cultura pero que luego llena los bares el fin de semana. Exigimos que los libros del colegio sean gratuitos pero buscamos el coche más caro, el viaje más lejano, la ropa más chic. Un filete de aguja cuesta lo mismo que un libro de bolsillo. Nos gastamos el dinero en estupideces, pero nos molesta “derrocharlo” en cultura. Me enerva la idea arraigada, especialmente en España, de que la cultura debe ser algo gratuito. En la literatura hay posibilidad de comprar ediciones de bolsillo excelentes por poco dinero. Dicho esto, sí es cierto que los precios de los libros han subido excesivamente y que algunas editoriales se han acostumbrado a cobrar demasiado por un centenar de páginas, del mismo modo que otras venden al peso kilos de papel por relativamente poco dinero.
Aunque, como tú dices, al libro le pasa como al tomate o al pimiento almeriense, que pasa por demasiadas manos. Si en el proceso de fabricar un pepino el agricultor es el que menos cobra, en el de hacer parir un libro es el escritor. Somos los nuevos agricultores. O los agricultores son los nuevos escritores. Quién sabe.

En tu libro hay una interesante reflexión sobre el género del relato. Parece que sea un género menor, una segunda división de la literatura, un paso previo al objetivo que debe de ser publicar una novela. ¿Tú vas a intentar jugar en esta primera división? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Escribí ese prólogo con el deseo, fracasado, de librarme de esa pregunta. Pero también he de decir que me encanta la novela, escribo novela, y no me importará alternar la publicación de novelas y libros de relatos. Eso sí, no pienso abandonar el relato.
¿Cuál es tu relato preferido de los que has incluido en el libro? El mío es “Ambulancias”. Me he sentido muy identificado con él.
Para mí es difícil escoger uno, pero “Ambulancias” sería un buen candidato.
Cuestionario QueLeoAhora:
- Un escritor:
Flaubert.
- Un libro que te haya marcado:
Madame Bovary.
- Un autor olvidado:
Los italianos en general. Pavese, Leonardo Sciascia (olvidado para lo grande que es, aunque siga siendo publicado).
- ¿De qué escritor no te volverás a leer un libro?:
De todos aquellos que no he querido leer ni un libro. Todos los demás tienen una oportunidad.
- Un libro que tendríamos que leernos todas las personas por obligación:
La Constitución española.
- Una película:
La noche del cazador.
- Una canción:
Fly me to the moon, de Sinatra, por ejemplo. O L-o-v-e, de Nat King Cole. Y un millón más.
- Un sueño:
Que la cultura deje de ser la mofa para los gags de los humoristas españoles. Y también que los políticos tengan un poquito de cultura lectora y lean algo más que obviedades y best-sellers de temporada.
- Una pesadilla:
Que la cultura no deje de ser la mofa para los gags de los humoristas españoles. Y también la cultura literaria de nuestros políticos.
- Un día que no olvidarás:
No lo recuerdo.
- Te llevarías a una isla desierta…
Hombre, lógico, todo aquello que me hiciera sentir que no estaba desierta.
- Un lugar:
El Cabo de Gata.
- Una injusticia:
Lo que hemos permitido que ocurra con la especulación urbanística en Almería, por ejemplo.
- Un personaje famoso que te hubiera gustado ser:
Jim Hawkins.



Me ha gustado mucho la entrevista, Alberto. Claro que con uno tan bueno como Miguel Angel Muñoz creo que es más fácil que salga bonito.
Yo también leí su libro hace ya un año y me encantó. Lo escuché en “El Zagüán” leyendo un relato canibal y se me pusieron los pelos de punta.
“Ambulancias” es bueno, sí, pero yo prefiero el del juez que examina la escena del suicidio de una escritora.
De dos personas inteligentes sólo puede quedar una entrevista inteligente. Es una obligación de los almerienses amentes de las letras leer El síndrome Chéjov. Es un libro notable escrito por un vecino al que podemos visitar en su blog en un sello excelente.