La canción de los misioneros - John Lee Carré

Título: La canción de los misioneros
Autor: John Lee Carré
Páginas: 368
Editorial: Plaza & Janés - DeBolsillo
ISBN: 9788483465844
Precio: 8.95 euros
Año de edición: 2008
Libro comentado por Blanca Vázquez – www.elgusanillo.blogspot.com
John le Carré ha vuelto de nuevo su mirada a África, continente que parece amar especialmente. Ya se adentró en él con El jardinero fiel, cuya trama fue extraordinariamente bien adaptada al cine. Si entonces su punto de mira lo centró en las farmacéuticas y el uso como cobayas de la población africana, ahora nos remite a las convulsiones políticas que han arrasado desde hace décadas, y lo siguen haciendo, a ese oasis africano que es La República Democrática del Congo.
Y además, sitúa su historia en el marco de la más reciente actualidad, (en los días posteriores al atentado 7J de Londres, en 2005).
El este del Congo, la hermosa y letal región alrededor de Goma y Bukavu, sangra ante el constante asalto de los señores de la guerra locales, enemistades tribales, venganzas vecinales de Rwanda, Burundi y Uganda. A esta mezcla letal hay que añadir los inversores y broker poderosos de Sudáfrica, Europa y América que se compran y venden a si mismos y a sus madres por una porción del tesoro, cuyo cofre está repleto de mentiras, espías y porcentajes. Poco ha cambiado esta región desde que Joseph Conrad escribiera con furia su continuo expolio, a pesar de los espontáneos e idealistas revolucionarios (caso de Patrice Lumumba en 1960) a los que se aplasta como mosquitos.
Bruno Salvador (Salvo), el héroe (esos héroes perdedores que tan bien maneja Le Carré) de La canción de Haj (The Mission Song, todavía no editado en España) es intérprete profesional de las lenguas minoritarias africanas, una especie de híbrido, hijo de un misionero irlandés católico y la hija de un jefe tribal congolés, una mezcla blanco-negro, a quién otro idealista más pragmático, Haj, ha bautizado como cebra. Después de contarnos en unos rápidos trazos su recorrido hasta la actualidad: abandono del padre en la niñez al considerarle el reflejo de su pecado, estancia en misiones católicas, el padre Michael como mentor, su envío a Inglaterra para estudiar y desarrollar su enorme talento para las lenguas, su matrimonio con una periodista famosa perteneciente al abúlico mundo aristocrático inglés, llegamos a la meta de salida, el momento en el que el servicio secreto británico se interesa, a través de un maestro de la hipocresía, el Sr. Anderson, en esta alma ingenua y naive que es Salvo para una delicada y secreta labor de interprete en una misión de urgencia.
Con esta señal de salida nos adentramos en el paisaje y la carrera espía leCarreriana. Salvo es un impreciso personaje que solo desea hacer el bien, y cumplir con su deber, tanto con respecto a su parte occidental como a su lado africano. Requerido como interprete en este su primer (y adivinamos que último) servicio por el bien del país, es conducido en helicóptero a una isla al norte de Reino Unido. ¿Con qué fin?, traducir todo lo que se diga (oficial y extraoficialmente) en una secreta reunión entre tres Señores de la guerra (uno de ellos Haj, del que parece escapar la figura de Joseph Kabila), un mesiánico personaje especie de líder visionario africano (Mwangaza) y un sindicato anónimo (detrás del que se esconden empresarios occidentales de todo pelaje), con la mediación de los representantes del mencionado servicio secreto británico. El objetivo de dicha reunión no es otra llevar a cabo un golpe en El Congo. Un golpe amable, pacífico, sensato, necesario, con la confabulación de todas las partes, para llevar por fin la paz a esa tierra de sangre, y por medio del cual cada uno tendrá su porción del pastel.
Este supuesto amable golpe se convierte en el corazón de la historia de Le Carré, a partir del cual bombean los acontecimientos anteriores y posteriores, de los que nadie sale bien parado. Le Carré lanza sus dardos tanto a los trajes occidentales como a las túnicas africanas. La tortura campa a sus anchas (en la muy cívica Occidente), aunque entre tanto sopor de decepción, y asombro también hay lugar para el amor. No es baladí la reiterada incursión en África de este autor cuya inspiración bien se pudo deber a un arrebato de furia. En 2004 un grupo de mercenarios, ex soldados de la SAS y mercenarios sudafricanos, con el apoyo de Mark Thatcher y otras figuras políticas del exterior, y con la connivencia de los servicios secretos británicos y españoles, planearon un golpe en Guinea Ecuatorial, un país más infeliz aún que El Congo (si ello fuera posible). La idea era derrocar al tirano Obiang Nguema e instalar en el poder un presidente títere que proporcionaría una buena tajada de los beneficios del petróleo a un grupo denominado El Sindicato. Así es como denomina Le Carré al equipo que planea el golpe en The Mission Song, engordados en su pavoneo y estupefacta codicia. Capitulo a capitulo, 20 en total, en los que al final de cada uno el autor saca el conejo de la chistera y nos encamina al siguiente con la boca abierta escalando cuotas de tensión, a la manera como solo él sabe hacerlo, descubriéndonos las cortinas de humo del poder. No en vano sirvió de espía para el Foreing Office.
He aquí otra buena película para hacer de un buen libro.


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