La paciencia de la araña - Andrea Camilleri

Título: La paciencia de la araña
Autor: Andrea Camilleri
Páginas: 256
Editorial: Quinteto
ISBN: 9788497110570
Precio: 6.95 euros
Año de edición: 2008
Libro comentado por Blanca Vázquez – www.elgusanillo.blogspot.com
¡Cómo me he deleitado con el comisario siciliano Salvo Montalbano!, creación de Andrea Camilleri. No he podido evitar las comparaciones con otro comisario o dottori de la investigaciíon, el veneciano Guido Brunetti de Donna Leon.
Dentro de sus diferencias de carácter, sus métodos no difieren mucho, basados especialmente en la reflexión, la paciencia o una gran intuición y poco (o nada) en la tecnología, descubriendo al lector, entre tanto, la hedonista Italia, todo un placer para los sentidos. Un placer es precisamente leer a estos autores pertenecientes a un género por el que cada vez apuesto más, y donde las dotes literarias hacen buenas migas con la pericia inventiva y dando muestra de una basta cultura asentada en el clasicismo, sin hacer ascos al éxito que han obtenido casi sin proponérselo.
En el caso de Andrea Camilleri, guionista y director de teatro y televisión que fue durante cuarenta años, ha respirado y vivido entre los montajes de obras de Pirandello, Ionesco, Eliot, Beckett o Simenon. En 1994 da vida por primera vez a un dottori de la investigación muy particular, el comisario Montalbano, (nombre en homenaje al escritor Manuel Vázquez Montalbán), que situa en una ciudad siciliana imaginaria, Vigàta. Gustan tanto este comisario un poco nihilista, sus métodos, tan distantes del típico lameculos, su lenguaje, su sentido del humor, su desfachatez, y su ambigua honradez, que el éxito es total. Y el personaje casi adquiere vida propia y pasa a ser un héroe nacional en Italia, donde existe una serie de televisión protagonizada por Montalbano, supervisada por su creador.
Habiendo leído otras entregas, se me ha ido la mano como un resorte automático al descubrir la octava entrega en la que Montalbano resuelve otro caso en la Sicilia del siglo XXI. La paciencia de la araña es su título, en cómoda edición de bolsillo de Quinteto. Paciencia desde luego no hace falta para leerla, porque uno se la traga de un tirón si no decide dosificarse un poco para permanecer en la compañía de Montalbano al menos tres días. Sus 252 páginas, ya desde la primera, aumentan la curiosidad de sabuesos que llevamos dentro, y nuestra admiración, algo que Camilleri ha sabido plasmar metaliterariamente entre sus personajes en más de una escena: “La joven había empezado a emitir un vapor acuoso que la envolvía por todas partes. Tina se estaba derritiendo como un trozo de mantequilla expuesto al sol estival. Después la chica le tendió una sudorosa mano, lo agarró por la muñeca, tiró de él y cerró la puerta. A continuación permaneció extática y muda ante él, con el rostro rojo como una sandia madura, las manos unidas en actitud de oración y los ojos brillantes. Por un momento el comisario se sitió la virgen de Pompeya”.
Pero no crean que el éxito de Andrea Camilleri se deba a críticos pagados por las editoriales o a premios concertados. No, no. Su éxito es más artesanal, es puro boca a boca entre lectores encantados y lo confiesa él mismo: Soy un escritor lanzado por el tam tam del público, no he ganado premios de resonancia. Mi editora (Edit. Sellerio) no hace ninguna publicidad, y así llegaba a diez mil ejemplares porque la gente se telefoneaba y, como se aconseja una película, se aconsejaba mis libros. En un mundo que empieza a parecerse cada vez más al fútil mundo artístico-estético, Camilleri me maravilla porque ha conseguido el éxito a los 73 años, cuando parece que en la sociedad literaria en la que nos movemos, casi todos tratamos de ganar el combate por KO recién cumplidos los veinte años, como afirma el propio Vázquez Montalbán.
Camilleri va haciendo crecer a su personaje novela a novela, de tal forma que hasta se permite algún ejercicio de deconstrucción sobre su estrategia investigadora, y al que dota de una gran exhibición cultural, bastante increíble en la realidad policial, pero asumible en el terreno en el que nos encontramos, el literario. Auténtico maestro de la astucia, conocido por sus discutibles genialidades y opiniones poco ortodoxas, Montalbano representa casi a un comisario utópico. El propio autor confiesa las influencies y homenajes de Maigret y Carvalho que ha plasmado en la colección.
Hace gala Camilleri, además, de un espléndido sentido del humor, que adosa a Montalbano, consiguiendo que sus investigaciones gocen, no solo de cultura, también de humor, además de constituir una galería de la mentalidad siciliana:
-La verdad es que yo quería hablar con el ingeniero Peruzzo.
-Lo siento, pero está fuera.
A Montalbano le dio un ataque de nervios.
-¿Fuera del despacho? ¿Fuera de la ciudad? ¿Fuera de sí? ¿Fuera de…?
(…)
El móvil estaba apagado.
-¿Y ahora qué hacemos?, preguntó Minutolo.
-Nos hacemos una buena paja. Contestó Montalbano, todavía nervioso.
A pesar de su popularidad, sus novelas no son fáciles, ni con el lenguaje ni con los contenidos. Salvo Montalbano se encuentra esta vez convaleciente de las heridas sufridas en su anterior caso. Lo que propicia el resurgir de una melancolía cuestionadora de la justicia y la ley. Pero algo viene a sacarle de casa, aunque sea como apoyo a otro investigador, el comisario Minutolo. Se trata del secuestro de una joven estudiante en Vigàta, en el seno de una familia que no tiene medios económicos.
Desde que Poe convirtió el fenómeno del crimen en un juego estético, donde el suspense y el ingenio se unen en la persecución de la verdad, la novela negra ha ido ganando en prestigio literario.


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