Entrevista a Juan Carlos Márquez

Nombre: Juan Carlos Márquez
Libros: “Oficios” y “Norteamérica profunda”
Entrevista: Septiembre 2008
Entevista de Marta López – eldesvandeloslibros.blogspot.com
“Me gusta jugar con el espacio y el tiempo. Es arriesgado, lo reconozco, pero si se tiene la suerte de atinar, puede conseguirse un “plus” para el cuento”.
Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) ha ganado premios como el Unión Latina 2003 (Premio Internacional Juan Rulfo al mejor escritor novel), el VIII Certamen Internacional “Rafael González Castell” (2005) y el Premio Tiflos de cuento en 2008, año éste en el que aparecen publicados sus libros de relatos Oficios y Norteamérica profunda. También está presente en la antología Parábola de los talentos. Compagina, además, la escritura con su labor como profesor de la Escuela de Escritores.
1. Oficios y Norteamérica profunda tienen dos estilos claramente diferenciados. He leído en una entrevista que fuiste escribiendo los cuentos de ambos libros casi al mismo tiempo y, sin embargo, yo hubiera dicho que fueron escritos en épocas distintas. ¿El propio relato te impone el estilo o hay un ejercicio consciente para no repetir fórmulas y estilos de unos libros a otros?
Pudiera decirse, como bien afirmas, que es el propio relato el que determina el estilo. No obstante, reconozco en mi escritura cierta bipolaridad: historias concebidas de forma visceral y lúdica (la mayoría de Oficios) que se alternan con otras más cerebrales (el grueso de Norteamérica profunda), derivas frente a cauces. No sé qué ocurrirá en los próximos años y en los próximos libros, sí es que los hay, pero sí que me atrae, y mucho, seguir escribiendo libros distintos, desaparecer como autor reconocible o, al menos, reinventarme.
El humor es para mí un antídoto contra la certidumbre de la muerte, es pura vitalidad, y surge básicamente de lo absurdo y de lo surreal, de aquello que trastorna, descoloca o le da un vuelco a lo real. Lo que nos hace reír o sonreír tiene difícil acomodo en lo real, queda al margen.
4. Como lectora, agradezco mucho el estilo que se diferencia de Carver y de Richard Ford. No porque no me gusten (al contrario: los considero maestros del relato), sino porque a veces he tenido la sensación, al leer a algunos autores, de que leía a alguien que trataba de escribir como Carver. Tú, sin embargo, te consideras deudor de estos autores y también de Cheever, Salinger o Capote, pero ni siquiera en los cuentos de Norteamérica profunda se ve un calco del estilo de ninguno de ellos. Da la sensación de que has interiorizado estas lecturas y las clases de buen hacer que ellos nos muestran en sus relatos, pero te han influido a un nivel más profundo. Me gustaría que nos comentaras con qué te has quedado de cada uno de ellos.

5. Me parece que hay mucha deuda al cine en Norteamérica profunda. Al leer algunas descripciones de lugares y personajes, incluso en el tono de los relatos, veo destellos de viejos films y también de otros más actuales. ¿Qué películas piensas tú que han creado ese imaginario que plasmas en este libro?
Mi deuda con el cine es enorme. Antes de dedicarme a la escritura, fui un cinéfago de tomo y lomo, y en cierta forma, aunque en menor medida, lo sigo siendo. A lo largo de mi vida es seguro que he visto mucho más que he leído, como supongo que les ocurre a la mayoría de los escritores contemporáneos, incluso a quienes reniegan de la imagen. No sé exactamente (no puedo saberlo) cuáles son los filmes que contienen el imaginario del libro, pero sí que puedo nombrar algunas de mis películas y mis directores favoritos: Centauros del desierto, Pasión de los fuertes, Las uvas de la ira y Qué verde era mi valle, de Ford; los ríos y La fiera de mi niña, de Howard Hawks; casi todo Capra y Lubistch; Billy Wilder al completo; Los viajes de Sullivan, de Preston Sturges; El emperador del Norte, de Robert Aldrich; Deliverance, de Boorman; El increíble hombre menguante, de Jack Arnold; Freaks y Muñecos infernales, de Browning; Ultimátum a la tierra, de Robert Wise; el cine de pocos medios, doncellas enterradas en vida y neblinas en el bosque de Roger Corman; Coppola, Lucas, Spielberg, Eastwood, Tarantino, etcétera. La lista sería interminable.

Los oficios condicionan en el libro las distintas personalidades de una manera determinante, funcionan como generadores o proyecciones de estados mentales. El protagonista de Desinsectadores, madres posesivas y prostitutas es un exterminador de plagas que se lleva el trabajo a casa, y el de Agentes de mudanzas y pintoras parisinas no consigue encontrar su lugar en el mundo, es incapaz de “establecerse” sentimentalmente, por citar un par de ejemplos. De la misma manera, la protagonista de Faquires, decoradoras de interiores y geishas acaba perdiendo la perspectiva de lo que es real y lo que es un decorado, puro atrezo. Ya lo dejó dicho Aristóteles: “Somos lo que hacemos cada día.”
Me gusta jugar con el espacio y el tiempo. Es arriesgado, lo reconozco, pero si se tiene la suerte de atinar, puede conseguirse un “plus” para el cuento. Voy a poner un par de ejemplos que espero que sean clarificadores. La sombra de las acacias, el cuento que encabeza Norteamérica Profunda, está narrado en presente histórico. Se narran en presente una serie de hechos que transcurrieron hace tiempo (Al poco de morir papá victima de una granada que le estalla entre las manos cerca de Saigon –de eso hace ya más de quince años-, mamá se emplea de camarera en Magic…). Con esa apuesta, que asumí tras un período de reflexión, se corre el riesgo de descolocar un poco al lector, sobre todo en el comienzo del texto, pero se obtienen dos ventajas claras: por una parte, desaparece en buena medida o pasa a un segundo plano en la mente del lector la sombra alargada del típico relato de un adulto recordando su infancia; por otra, da la impresión de que lo que ocurre está pasando aquí y ahora, con lo cual el interés se supone mayor, porque siempre será más atractivo asistir a lo que pasa que a lo que ya pasó.
En Salvajes, en cambio, lo que me interesaba era crear un efecto poco frecuente mediante el uso del espacio. Por lo general, los cuentos opresivos, que orbitan en torno a una amenaza, se desarrollan en lugares cerrados. Sin embargo, yo intenté trasladar el clima opresivo de la casa de los protagonistas a los grandes espacios, al bosque, los trigales, el río, como ocurre en muchos westerns y en el cine bélico. Intento mediante el espacio transmitirle al lector la sensación de que los protagonistas no están seguros en ninguna parte, ni lo están ni van a estarlo jamás.
En cuanto al narrador en primera persona, me siento cómodo con él porque es el que más y mejor me permite desdoblarme o convertirme en otro, pero es cierto que para llevarlo a cabo con cierta solvencia se precisan un tono y una atmósfera muy apropiados.


8. Parábola de los talentos es una antología de jóvenes cuentistas. Coméntanos cómo surge este proyecto y háblanos un poco de los otros “parabolistas” que te acompañan. A mí me han parecido especialmente interesantes los relatos de Matías Candeira.
10. Desde tu punto de vista, ¿qué es imprescindible para que un relato sea considerado como tal y no simplemente un texto, una estampa o una anécdota?

11. Dinos cuáles son tus autores favoritos (los que te han marcado como escritor) y qué libros de cuentos has leído últimamente y te han impresionado.
Entre los últimos libros de cuentos que he leído, me impresionaron los cuentos de la primera mitad de Mil cretinos, de Monzó; varios de Sicilia, invierno, de Ignacio Ferrando; y el libro de microrrelatos Cuentos del jíbaro, de Juan Gracia Armendáriz. Aunque en el último año se han publicado muchos libros buenos de cuentos, casos por ejemplo de Gritar, de Ricardo Menéndez Salmón, Porvenir, de Iban Zaldua o Nosotros, todos nosotros, de Víctor García Antón, por citar algunos.
Sí, se puede instruir a los alumnos en un conjunto de técnicas narrativas y asesorarles y motivarles en la elección de sus lecturas, que tienen una función esencial en la formación de un escritor. El aprendizaje, como ocurre en cualquier otra disciplina, artística o no, dependerá de la capacidad de docencia del profesor y de la asimilación del alumno, además del trabajo, la mirada personal sobre el mundo y el talento del segundo. Yo, en los años que llevo como profesor, no conozco el caso de ningún alumno que no haya progresado y sé de algunos que tienen buenos libros publicados.
Sin duda, La sombra de las acacias, que me valió el premio Unión Latina, porque es el relato que más se aproxima a la idea de él que me había hecho antes de escribirlo y porque lo escribí sin apenas esfuerzo, en un estado casi hipnótico. Lo fui escribiendo como si me lo dictaran al oído, como si yo fuera una barrica y el relato fuera un vino que llevara años madurando dentro de mí. De hecho, es el único relato propio que releo de cuando en cuando. En La sombra de las acacias se encuentra como en ningún otro relato la Norteamérica profunda y todo el imaginario del cine y la literatura que me inició como escritor. Se trata de un relato bastante largo pero de lectura ligera que incluye elementos surrealistas en un marco completamente realista, diálogos, humor ácido, ternura, crudeza. Me gusta.


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