El lado frío de la almohada - Belén Gopegui

Título: El lado frío de la almohada
Autor: Belén Gopegui
Páginas: 236
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433973047
Año de edición:2007
Libro comentado por Blanca Vázquez – www.elgusanillo.blogspot.com
Se me ha puesto delante este libro en mi cotidiana búsqueda de lecturas en un momento más que adecuado y providencial.
No es tan solo por la situación política de chatarrería electoral que estamos viviendo, supone más que eso, un eco literario sobre los cambios que se aproximan en la isla de Cuba. Llamó casi con un grito silenciado, plácido, desde el rincón donde no estaban colocados los superventas, donde se lee la etiqueta de literatura.
Adentrarse en las razones de Cuba, su utópica revolución, resistencia huérfana de futuro, tesón y valentía de tantos años merece cuanto menos nuestras dudas, nuestros propios análisis aunque solo sea por respeto. Si tenemos la suerte de visitar la isla, tanto mejor, si no es así, al menos deberíamos tener el coraje de buscar otras vías que las de los más que sospechosos e interesados medios de información de masas.
Impregnado de una suntuosa poesía filosófica, “El lado frío de la almohada” de Belén Gopegui nos regala un masaje que reactiva conexiones neuronales dormidas de tanta mentira oficial.
El libro, de 236 páginas, escrito a modo de thriller de espías, engancha hipnóticamente hasta el punto y final. Reconozco que ha evocado en mi el dulce y melancólico John Le Carré de “El espía que llegó del frío”, uno de mis libros fetiche. Tal vez Gopegui lo ha hecho a propósito, lectora del escritor, ex agente británico, puesto que descarga demasiada melancolía en esta historia que tiene como protagonista a Cuba, y sin embargo transcurre todo el tiempo en Madrid.
Se adivina el regusto de la autora madrileña por la filosofía, tal es la lógica de sus discursos, repletos de metáforas y cuentos, sueños, dichos y libros.
“El lado frío de la almohada” está dividido en dos partes entremezcladas, la primera de dinámica acción, bien narrada, espléndidamente insinuada, mueve los hilos entre un diplomático estadounidense, Philip Hull y un grupo de agentes de seguridad cubanos. La segunda la conforman las cartas que Laura Bahía, el enlace de los agentes cubanos con el diplomático, escribe al director de un poderoso periódico. Provistas todas ellas de una prosa más compleja y delicada, temperada de una melancólica integridad. Dos formas, dos técnicas, dos lecturas, dos mundos: la Cuba del sueño social y el resto. La primera parte te arrastra sin resuello, con el interés del mejor género negro. La segunda te hace meditar, reflexionar, reposar, plantearte la razón de la esencia humana, reflexionar, reflexionar y reflexionar.“Gopegui configura la narración en torno a la consciencia de ser narración” pinta en la contraportada del libro, no importa quién lo haya escrito. Vale, ¿ustedes captan una mínima idea del libro con eso?, porque yo no. Qué Belén es una gran narradora no cabe la menor duda después de leer este emocionante relato, y sus anteriores publicaciones. Qué no se entiende la manía de algunas editoriales en poner descripciones abstractas en la contraportada, tampoco hay duda. Miren, yo quiero contarles algo diferente. Quiero salirme del esquema babeliano reseñista que rige con reglilla de prosa enroscada y aquel “mirad que rey de la crítica soy”. No. Deseo (y con ello no hay seguridad de conseguirlo) comunicarles el libro. Comunicar lo que Gopegui me ha querido decir a través de su prosa (nada fácil), su historia de espías, de engaños astutos, de sexo politizado, de escepticismo, de sueños fragorosos que se diluyen en una sociedad líquida, de diplomáticos hipócritas, es decir de diplomáticos, y de cretinas funcionarias tan incompetentes como cualquier cretino. Contar de esta narración sus ahumadas remembranzas al mejor Green o Le Carré. Contar como habla de un país que por su sistema político ha sido tan vapuleado (“la rabia. La rabia de ir perdiendo desde el principio, y no por jugar peor sino porque nos han dado menos cartas”), malinterpretado, y sobre todo tan poco cuestionado o analizado desde todos sus múltiples vértices. Damos por hecho que el matiz no es el fuerte del cerebro conservador ni el neoliberalista a ultranza, como no sean los matices deslumbrantes de la cuenta de resultados.
Y es en mil matices que Belén Gopegui nos presenta Cuba, con sus luces y sus sombras también. Todo ello bajo el prisma del personaje de una mujer cubana sobresaliente, Laura Bahía, reflejo de tantas mujeres y hombres que buscan una alternativa a este capitalismo tan desequilibrado en su balanza. Gente que no quiere ir a caballo de otra gente.
Pero el problema es que hay prisa, y es un objetivo prioritario (acabar con el último eslabón utópico) de este doble juego al que se ve sometido un diplomático norteamericano a punto de jubilarse. Prisa porque hay empresarios norteamericanos (y demás pirañas), que quieren ganar mucho dinero en Cuba.
“El lado frío de la almohada” también nos canta una canción de amor. Inevitable, necesario: “Esa chica está pidiendo que la toquen…Que la toquen para evitar que se deshaga”, y en consecuencia predice el suicidio, individual y colectivo. Y canta sobre la soledad, habitual en las novelas, guiones o piezas de teatro de Belén. Y canta del cansancio de ser un David desgatado después de resguardarse casi cincuenta años de un Goliat ávido. Belén Gopegui habla tanto y tan serenamente que es un lujo tener esta obra en nuestras manos.
Susurra, aboga, dialoga, comenta, expresa un mundo cruzando sus páginas y agradecidos debemos estar de que voces comprometidas, inteligentes, matizadas como estas se arriesguen en tomar partido, evitando las simples generalidades inocuas como desear la paz en el mundo.
Escrita la novela en el año 2003, está presente la invasión de Irak, y la intuición de los cambios al caer en Cuba. A cinco años vista resultan de lo más agoreras las sentencias finales:
.-Las historias necesitan un final. Y desde que cayó el muro, Cuba es también una historia. Necesita un final, cerrar el libro aunque sea para abrir otro a continuación. Fidel se ha convertido en ese final.
El azar ha puesto “El lado frío de la almohada” en mis manos en este preciso momento. El azar, a veces, me parece sospechosamente caprichoso. Dicen que no escogemos los libros, que ellos nos escogen a nosotros, lectores.
Belén Ruiz de Gopegui es una mujer muy bella, la belleza serena de la inteligencia y la generosidad de su compromiso.


Me encanta Belén Gopegui. Me parece una narradora estupenda y muy inteligente.