Rodaré maldiciendo - Silvia Cuevas-Morales
Título: Rodaré maldiciendo
Autor: Silvia Cuevas-Morales
Páginas: 40
Editorial: Asociación Cultural Cambalache
ISBN: 9788461245338
Precio: 8 euros
Año de Edición: 2010
Libro comentado por Elvira Siurana
Al abrir el libro lo primero que encuentro es la dedicatoria a Miwa Buene Monake, se trata del economista africano que tras sufrir una brutal paliza propinada a causa de su procedencia africana, ha quedado afectado de una grave minusvalía que le impide caminar y desarrollar su valiosa vida con normalidad.
Al abrir este libro lo primero que encuentro es la dedicatoria a Miwa Buene Monake, se trata del economista africano que tras sufrir una brutal paliza propinada a causa de su procedencia africana, ha quedado afectado de una grave minusvalía que le impide caminar y desarrollar su valiosa vida con normalidad.
Este hecho sucedió en Alcalá de Henares, culta ciudad europea, cuna del más ilustre escritor español, acérrimo detractor de la brutalidad y la ignorancia. El agresor, que no fue sancionado hasta que la denuncia a través de los medios levantó cierto escándalo, es un ciudadano de Castilla con buen aspecto y respetado en su entorno. Nadie declaró hasta que la denuncia fue clamorosa que pensara de él que no era un chico normal. Y es que seguramente se trata de un chico normal, producto de su entorno y su cultura.
Este es el corazón, el origen, el punto central de la denuncia –siempre poética- de este nuevo libro de Silvia Cuevas-Morales. La normalidad de la barbarie. Un caso extremo con consecuencias tan horribles como este levanta la alarma. Pero si Miwa no hubiera quedado tetrapléjico ni nos hubiéramos enterado del incidente. Y aun así, seguro que la gran mayoría de los españoles desconocen, o han olvidado este hecho.
Y este es un país cuyo pueblo no se ha considerado racista. Eso era cosa de americanos, de alemanes… aquí todos somos simpáticos y acogedores, España es diferente.
Yo misma quedé sorprendida cuando a medianos de los 90, -como el tratado Schengen-, la autora llegó a Madrid, tan contenta. Había estudiado y amado la literatura hispana, se había dedicado profesionalmente a enseñarla y difundirla. Y cuando comenzó a vivir esa cultura, en el campechano Madrid, tropezó con el sustrato de odio, resentimiento, rechazo a lo diferente que caracteriza a los pueblos viejos, y sin el disimulo, o el hipócrita autocontrol de los pueblos cultos. Los españoles éramos racistas a lo bruto. A mi me costó aceptarlo, -hasta ese momento no habíamos convivido apenas con emigrantes, los extranjeros eran del norte y traían dinero, eso los hacía respetables, incluso tratábamos de imitarles-, sabía que éramos brutos pero no pensaba que fuéramos tan visceralmente racistas y xenófobos.
Pienso que muchos –los bien intencionados de mi generación- habíamos caído en ese error. Es por ello tan importante la otra mirada.
La poética incisiva, vibrante y aguda de Silvia Cuevas-Morales entra como un puñal en nuestra sensibilidad, a muchos hasta les indigna, no hay nada más duro que aceptar la realidad sobre nosotros mismos. Pero tal como nos enseñó Celaya, “si es amarga la verdad hay que echarla por la boca, y si al alma su hiel toca, esconderla es necedad”.
Los compañeros de “Cambalache” que han editado el libro no son necios, todo lo contrario, trabajan día a día muy pegados a la realidad, a lo cotidiano, analizando e impulsando al cambio, a la mejora de este mundo, en este momento histórico que nos ha tocado vivir. Desde su proyecto cooperativista y abierto al otro, publican interesantísimos textos que como este que nos ocupa Rodaré maldiciendo, documentan el presente desde la visión crítica que nos ilumina y muestra la dirección en la que desarrollar nuestros proyectos vitales.
Eva Martínez en un breve y conmovedor texto expone la filosofía, afectiva y profunda que desde la sencillez y claridad del discurso comprometido, identifica al grupo editor en un prólogo que también es arte.
Silvia Cuevas-Morales no se limita a ofrecer su reflexión literaria sino que además ilustra el texto con la mirada pictórica, a través de los graffiti callejeros que ha ido recopilando en fotografías de los muros de las ciudades, desde de las paredes de su barrio madrileño de “Lavapiés”, punto de anclaje de tantos transeúntes, a los de su familiar “ciudad añorada” de Melbourne, en Australia.
Rodaré maldiciendo es una de esas joyas, por desgracia de difícil acceso a causa de dinámica editorial copada por las multinacionales. La versión impresa, el libro en sí, se ha realizado en la autogestionada imprenta “La Cooperativa” en Asturias, ha sido cuidadosamente maquetada por la diseñadora Amelia Celaya y de la distribución se ocupa la red de “Traficantes de sueños”.
Este libro es importante tenerlo cerca para que nos haga pensar y no nos deje olvidar.


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