Cuentos del otro lado - Luz Olier
Título: Cuentos del otro lado
Autor: Luz Olier
Páginas: 256
Editorial: AM Estudios
Año de Edición: 2009
Precio: 15 euros
14 historias que nos muestran distintas perspectivas de “el otro lado”. Un lado que siempre es misterioso, algo sobrenatural y cargado de espiritualidad. Así pasamos a leer sobre personajes de cuadros que quieren conocer a su autor, jóvenes indias que se “tele trasportan” ayudadas por pócimas mágicas, pasando por chicos depresivos que viven la vida de otros para conseguir apreciar lo que tienen, o personas que en el momento de su muerte se ven a sí mismos.
Son 14 cuentos de extensiones similares, a excepción de 2 ó 3 bastante más cortos. Al ser historias separadas, el que tengan estructuras variadas (alguno está dividido en dos partes, otros cuentan historias dentro de la historia…) enriquece las distintas formas de aproximarse a “el otro lado” y no entorpece el ritmo de la obra ni la pauta de lectura, más bien los favorece. En la mayoría de ellos ya desde el principio se nos pone en preaviso de que algo ha cambiado en la vida de los protagonistas de tal manera que, en lugar de contar la historia de manera lineal, se dan flashbacks en los que se nos explica cómo los personajes han llegado a la situación en la que están. La segmentación de la obra es, por lo tanto, muy apropiada para generar el misterio y la tensión propios de obras de este estilo.
En algunos cuentos nos encontramos con giros inesperados (como en “El demiurgo”, en el cual quién creemos escritor no es más que un personaje más; o en “Tras la puerta”, en el que descubrimos que los fantasmas del protagonista-niño se funden con los del protagonista-hombre) o con repeticiones que ayudan a aumentar el misterio de las historias (como en “El can descabezado”, en el que varios personajes son “víctimas” de la misma situación y deben abandonar sus vidas para esconderse de la muerte en un lugar remoto en el que, curiosamente,.casi está más presente.)
Se pueden distinguir varias voces en estos relatos y es que la autora recurre en algunos al narrador que todo lo sabe y que va contándonos las vivencias de los personajes desde su punto de vista, (suelen ser las historias de mayor extensión) o también a la primera persona, en la que el propio protagonista nos cuenta lo sucedido, siendo más intenso el punto de vista y consiguiendo la autora que las historias nos “afecten” más, al hacerlas más personales. (como es el caso de “Nuestro tren” o “Soliloquio” o “Un adiós”).
En general los contextos están desarrollados en su justa medida, es decir, la autora se explaya en detallar localizaciones en los casos en los que la historia lo pide (como en “El can descabezado”, en la que se nos sitúa maravillosamente en la sierra mejicana, o en el barrio de chabolas donde se comete el asesinato) pero en otras se queda en algo más universal, por todos reconocido, sin necesidad de entrar en detalle (como en “Nuestro tren”). La ambientación de las historias está muy conseguida y hace que el lector se meta mejor en situación.
Los personajes son muy dispares pero se pueden encontrar puntos en común o paralelismos: por ejemplo está el personaje de un cuadro que quiere conocer a su autor y el supuesto autor de una novela que se encuentra con un personaje principal “de su creación”. O el protagonista de “El can descabezado” que lee una historia que es exactamente igual a lo que le está sucediendo a él, y la protagonista de “La señal de la cruz” que también lee una historia de algo que le sucedió a ella en el pasado.
Así mismo en general los personajes son intensos, han sufrido algún tipo de trauma (como la protagonista de “La señal de la cruz”, o el de “Tras la puerta”) o tienen vidas complicadas, lo cual favorece una vez más el que el ambiente de las historias esté tan conseguido.
Las relaciones que la autora crea entre los personajes son en algunos casos entrañables (como la de María y Lucía en “La señal de la cruz”), divertidas (como la de la dama del sombrero con flor y el doctor Gachet), angustiantes (como la del protagonista de “Tras la puerta” y su tía), imposibles (como la de la chica rumana y el chico español del tren) o incluso de quita y pon (como las del protagonista de “vivir.es” y todas las personas que tiene que “ser”). Demuestra así una gran capacidad de registros en sus personajes y una gran capacidad para describir emociones y, lo que es aún más difícil, hacerlas creíbles.
En general la mayoría de las historias tienen un giro final inesperado por lo cual los desenlaces cumplen con las expectativas de cuentos de este género. Si bien hay una historia en la que quizá hemos quedado algo desconcertados porque no parece acabada, realmente es como si se tratara de un bucle, en el que cada vez sería alguien nuevo el protagonista, pero siempre con la misma historia. Es la de “El can descabezado”. Realmente es inquietante sobretodo porque seguimos sin entender el porqué de ese bucle, a quién le afecta… Pero, si eso es lo que se pretende con la historia, el fin está más que conseguido.
Comentar que el título (“Cuentos del otro lado”) nos parece llamativo y muy acertado. Así mismo los títulos de las historias están bien escogidos ya que no revelan más de lo necesario y sin embargo son muy representativos de lo que luego se cuenta en los relatos.
La autora escribe de manera decidida, clara. Expone muy bien los argumentos de las historias y, de hecho, consigue hilvanarlas “sin filtraciones” (lo cual nos parece complicado habiendo historias dentro de la historia, e incluso saltos temporales). En todo momento consigue que el lector sepa dónde está, en qué punto de la historia.
El tono en el que escribe es el idóneo para una obra de este tipo, ya que consigue esa incertidumbre tan característica de las obras de misterio. Los protagonistas se cuestionan muchas cosas, y lo hacen mediante monólogos internos o preguntas descaradas a “terceros” (como el protagonista de “vivir.es”, que no para de preguntar a Greta).
Las descripciones son inteligentes, hechas “a medida”, dejando margen para que el lector termine de completar situaciones en su cabeza, potenciando así, si cabe, el miedo que pueden provocar las historias. Los diálogos son reales y muy creíbles, no son de papel. Incluso apreciamos la riqueza en el léxico, y la diferenciación que la autora hace del mismo según los personajes (por ejemplo los términos “mejicanos” que usa en el cuento El can descabezado.



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