Deseo de ser un punk - Belén Gopegui
Título: Deseo de ser un punk
Autor: Belén Gopegui
Páginas: 192
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433971951
Año de Edición: 2009
Precio: 15 euros
Reseña de Blanca Vázquez - elgusanillo.blogspot.com
En una charla entrevista con Belén Gopegui hace escasos meses le pedía que me adelantara algo sobre la novela que se traía entre manos. Entonces me comentó que la corta novela que estaba escribiendo narraba un gesto de valentía, un impulso de antirendición:
“…A lo largo de los años he conocido a unas cuantas personas que han logrado ser admirables, inteligentes, amar la vida y no venderse nunca. Pienso ahora en Juan Blanco o en Antonio Estevan, que se nos han ido. Lo que estoy escribiendo trata de alguien que no tiene la madurez que ellos tuvieron, y sin embargo tiene el mismo impulso, la misma furia sagrada, su actitud. Es una novela corta, narra un gesto y es también un gesto….”.
Tengo en mis manos el gesto del personaje creado por esta escritora que a cada novela va respondiendo en positivo a las expectativas de la crítica más exigente de este país. En cada una de sus novelas no deja, Gopegui, de recordar como lo “político” va desapareciendo de nuestras vidas, cada vez más asentadas en el confort y la prosperidad. Esta vez ha redibujado el tema desde otro ángulo, no menos interesante por cierto, aunque quizás un tanto menospreciado por los que ya nos hemos alejado de tal etapa: la adolescencia. Empecemos porque Deseo de ser punk tiene ciertamente un título llamativo, ingenioso y publicitario, al fin y al cabo un escritor severo y cabal no está reñido con procurar vivir de la prosística. “La escala de los mapas”, “Tocarnos la cara”, “La conquista del aire”, “El lado frío de la almohada”, y sobre todo “El padre de Blancanieves”, lo confirman, Belén Gopegui tiene buen ojo para los títulos. Eso podría llegar a ser un inconveniente sin la sustancia sólida que enriquece su narrativa, movilizadora de conciencias, generadora de esfuerzos reflexivos cada vez más dejados a un lado del camino. Decía Ignacio Echevarría* de ella que algún que otro crítico ha tachado la escritura de Gopegui de “madurez casi dolorosa”.
Una madurez casi dolorosa imprime la escritora madrileña del 63 a Martina, una adolescente de 16 años en busca de su música, una música que le atraviese el cuerpo de parte a parte y que le sitúe en un punto de partida para no extinguirse en la mediocridad de la cultura actual. De hecho Deseo de ser punk es un recorrido por la música que nos acompaña en momentos vitales importantes o decisivos, en este caso deduzco que el recorrido musical elegido tiene mucho de personal, aupado con una historia que alcanza un determinado momento de cambio en la vida de una adolescente. Martina es una joven un tanto perdida entre el vacío del exterior, amigos, instituto y fiestas, y el interior familiar, con unos padres que en su momento fueron algo rebeldes y contestatarios pero se dejaron domesticar dócilmente por el sistema: “…Mi madre sí piensa a veces que se han quedado quietos, su generación, ya sabes. Dice que la vida va mucho más deprisa de lo que yo me pueda imaginar. Pero por rápida que vaya: ¿por qué no saltaron? No es tan difícil…”. En medio de esta grisácea atmosfera, la desganada Martina despertará con la muerte de una persona admirada, el padre de su mejor amiga Vero, un hombre único en su entrega a los demás, en su solidaridad, un rescatador de náufragos, hasta tal punto que se abandonaba a él mismo, sin poder evitar romper en mil pedazos su entorno más cercano. Pedazos que se podían, no obstante, recomponer y pegar. A través del recuerdo de este personaje con código, Martina quiere encontrar el suyo, y lo hará, cruzando el punto de no retorno, con el que quiere reivindicar cambios que podrían empezar por algo tan sencillo como pedir lugares de reunión para los jóvenes. Eso en cuento a la profundidad de un mensaje que en realidad es una toma de actitud. Luego está el recorrido musical, el tarareo, las estrofas líricas elegidas de Bonnie Tyler, AC/DC, Reincidentes, Fe de Ratas, Leño, Guns N´ Roses, cierta crítica a Los Beatles, y sobre todo admiración por David Bowie, Neil Young, Iggy Pop, o Jonny Cash.
Sin faltar el reproche a la prensa escrita, periódicos que son aún peor que los elfos. Los escriben muchas personas pero es como si los escribieran una sola, un solo tío pesado, barbudo, barrigudo, bien vestido, de poco fiar…o un vistazo rápido a la literatura, Albert Camus, Victor Hugo… todo escrito como una carta dirigida a alguien muy especial para Martina, alguien que está ahí para escuchar, tal vez tú, lector.
Belén Gopegui sigue poniendo la contradicción en movimiento, lo que le confiere una humanidad indiscutible. Sigue la vía de la complejidad lo que le agradecemos muchos que reclamos más retos en la literatura. Ha dedicado su novela a personas admirables que no tienen etiqueta alguna con un precio. Es un homenaje, también, a la música que nos zarandea y nos despierta del letargo.



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