De mecánica y alquimia - Juan Muñoz Rengel
Título: De mecánica y alquimia
Autor: Juan Muñoz Rengel
Páginas: 158
Editorial: Salto de página
ISBN: 9788493635497
Precio: 15.95 euros
Año de edición: 2009
Libro comentado por Marta María López – El desván de los libros
Imaginad que os encanta el salmón, que es una de esas cosas que nunca os cansáis de comer, y que un día entráis en un restaurante y os ponen delante varios platos para que degustéis el salmón preparado de varias formas diferentes, desde aquella receta antigua de hace varios siglos hasta las más modernas de la nouvelle cuisine.
Bueno, pues eso es exactamente lo que me ha ocurrido a mí con este libro. Me gusta leer relatos, eso no es una novedad. Me gusta, además, muy especialmente, el relato fantástico y Muñoz Rengel hace en este libro un repaso por el género fantástico y también la ciencia-ficción, nos lleva desde la Edad Media hasta un futuro extremadamente tecnológico, desde la alquimia a la mecánica, desde el gólem hasta el autómata a través de un hilo conductor común, que es el hombre como modificador del entorno.
Ya desde el principio se nos recomienda que leamos los relatos en el orden en el que están en el libro y creo que es la mejor opción. Los cuatro primeros (El libro de los instrumentos incendiarios, el relojero de Praga, Lapis philosophorum y La maldición de los Zweiss) se desarrollan en el medievo y, como el propio autor reconoce en la entrevista que le ha hecho Miguel Ángel Muñoz, no sólo la historia transcurre en esa época sino que el propio lenguaje crea la ilusión de antigüedad, sin ser exactamente castellano medieval. Son relatos oscuros, laberínticos, donde los personajes se enfrentan al temor a lo desconocido y al asombro ante determinado tipo de descubrimientos. El hombre, como manipulador de todo lo que le rodea, es al mismo tiempo un sujeto asombrado ante tales descubrimientos y temeroso de ellos. Este primer grupo de relatos es mi favorito del libro, muy especialmente esa joya titulada Lapis philosophorum y sus pasajes alquímicos y visionarios en un monasterio medieval.
Los siguientes relatos (El pescador de esponjas, El faro de las islas de Os Baixos, El sueño del monstruo y Res cogitans) son más cercanos en el tiempo. Se nota que el lenguaje se va descargando de toda la densidad medieval de los primeros relatos del libro. Quizás el que menos me guste, el que menos haya logrado introducirme dentro de la ficción, sea El faro de las islas de Baixos, cuya historia no llegó a despertarme el interés por saber qué iba a ocurrir con la protagonista femenina, no así con el farero, un personaje logrado y muy interesante. La maravilla de este grupo es, en mi opinión, El sueño del monstruo. Leyendo este relato me pasaron cientos de imágenes por la cabeza, desde Sebastien y sus amigos-muñecos (Blade Runner) hasta Poe o Lovecraft, pues eran estas las caras que tenía por momentos ese escritor incomprendido y adelantado a su tiempo que protagoniza esta historia.
El último grupo de relatos (Te inventé y me mataste, Brigada Diógenes y pasajero 1/1) son futuristas en su mayoría y tratan el tema del hombre como creador de un ser semejante a él y también del hombre como un ser destinado a desaparecer. Historias de gólems y autómatas. Creaciones perfectas o imperfectas, imitaciones de sus creadores que sirven para paliar la soledad de los humanos, para descargar sus frustraciones o para hacerles la vida más fácil. Si en Frankenstein de Mary Shelley no dejaba de preguntarme sobre la responsabilidad del creador y la dimensión de lo creado, aquí me ocurre exactamente lo mismo, no en vano son historias de nuevos Prometeos. Da igual si nos vamos al pasado y hablamos de seres creados a partir del barro por procedimientos mágicos o si vamos al futuro y encontramos mecanismos complejos con forma humanoide, el hombre nunca deja de soñar con la creación de un ser hecho a su imagen y semejanza, mejor en muchos aspectos y con grandes carencias en otros. Y pienso entonces, al leer estos relatos, en ese otro libro de relatos que es La Biblia, en el Antiguo Testamento, en el Génesis, en el Paraíso, en Dios castigando a Adán y Eva por comer del árbol de la ciencia, y me pregunto si no será este el antecedente más remoto (al menos el antecedente escrito más remoto) de los relatos que nos ocupan, si no serán aquellos judíos de milenios atrás quienes hayan inventando la literatura fantástica.
Para terminar, diré que como creo que hay pocas cosas nuevas bajo el sol, no seré yo quien achaque como algo negativo el hecho de que estos relatos beban de fuentes y temáticas de sobra conocidas. Me gusta el homenaje manifiesto que hay a determinadas corrientes del género, a autores y a obras. La mayoría de estos relatos me embelesaron desde la primera palabra y es que el autor sabe construir un relato de esqueleto sólido y logra utilizar un lenguaje preciosista y una gran abundancia de datos históricos o técnicos sin hacer que resulte cargado o excesivo. Sabe hacer, en definitiva, que sus historias nos mantengan sin pestañear.



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