Almas de segunda - Francisco J. Sánchez Collantes

 alt=Título: Almas de segunda

Autor: Francisco J. Sánchez Collantes

Páginas: 64

Editorial: Arráez

ISBN: 9788496651616

Año de Edición: 2009

Precio: 5 euros

Libro comentado por José Nicolás González Criado – Montaigne en la playa

Si la característica principal de las novelas de ambientación local es que suelen recrear hechos históricos o situaciones más o menos conspicuas de la vida de una ciudad -incluidas ferias y fiestas de guardar-, esta no es una obra de esas características, y ello a pesar de la segunda condición de guía turística un tanto sui generis que el mismo autor le atribuye.

Desde mi punto de vista, la principal virtud de esta novela corta, nouvelle, relato largo o como se le quiera llamar -la diversidad de situaciones indicaría que es clarísimamente una novela­-, es la de fijar literariamente una serie de ritos sociales que han permanecido inamovibles durante las últimas tres décadas, y que en una ciudad como Almería tienen una características algo particulares. Las tres historias de amor de las que Marisa es sujeto pasivo –sobre todo en dos de ellas- de alguna forma trascienden los hechos históricos acaecidos en el teatro Cervantes que le sirven de sustrato -a pesar de que el desenlace tendrá que ser idéntico ineluctablemente-. “Todas la calles llevan al Paseo”; así comienza Almas de segunda, de Francisco José Sánchez Collantes, como en uno de esos melodramas amables de la década de los cincuenta en los que una cariñosa y afable voz en off nos va describiendo la vida cotidiana de la ciudad en la que va a trascurrir la historia mientras la cámara sigue fugazmente a todos los personajes secundarios que van entrando sucesivamente en plano, enumerados, concisamente descritos. Pero el Paseo de Almería no es el Nueva York de Manhattan Transfer de Dos Passos -en todo caso la Calle Mayor de Juan Antonio Barden basada en la novela La señorita de Trévelez de Arniches-, no parece que dé para una novela coral, de modo que conviene acotar, seleccionar unos cuantos personajes. ¿Qué tal ese señor que no le quita la vista de encima a esa chica madurita tan atractiva en la cafetería? La cámara se detiene en el que se adivina va a ser el personaje principal: Andrés Sánchez: director de una sucursal bancaria, arquetipo de almeriense pequeñoburgués, gran conocedor de su ciudad, de sus monumentos, de sus rincones, de sus historias, de sus bares de tapeo, de sus pubs, y del lugar de expansión natural de todo almeriense de pro, el destino casi exclusivo de sus escapadas de fin de semana: las playas de Cabo de Gata. ¿Y esa chica?: “Se podría llamar, quién sabe, Marisa, Marisa Méndez…”. Marisa arrebatará a Andrés el papel protagonista, aunque, sin lugar a dudas, él es el responsable del inicio de la acción, el que va a empezar a urdir la trama, el personaje que genera el conflicto cuando se acerca a Marisa y a su amiga Concha en el pub Molly Malone una de esas noches de jueves propicias para que “los que no han encontrado su sitio” lo encuentren, o al menos lo intenten. Andrés Sánchez es también el corifeo que con el relato de la historia del asesinato de la actriz Conchita Robles en el Teatro Cervantes augura que la historia se ha de repetir. Él es, finalmente, el actor involuntario, e incluso podríamos decir que inconsciente, del equívoco que provoca el desenlace final, y que le da a la novela ese carácter circular tan característico. La historia, que no es finalmente ni amable ni melodramática, acabará siendo lo que en lenguaje periodístico llaman un suceso o una tragedia dependiendo de la categoría social de la víctima. Pero aún no hemos llegado al final; ¿qué hay de Marisa? Marisa, de la que se ha enamorado Andrés, es una madrileña que ha abandonado a su marido y a un hijo mayor de edad, y que ahora vive en Almería con una amiga que conoció a través de Messenger. A medida que va trascurriendo la historia el autor nos desvela lo que el lector seguramente ya intuye: ella y Concha Márquez mantienen una relación sentimental –que están liadas-, y es en esta parte cuando el monólogo interior de los diferentes personajes que tan acertadamente se entrecruza con los diálogos, las descripciones y las advocaciones en segunda persona a lo largo de todo el texto, se vuelve de un lirismo más intenso: “Sólo fui a recoger un poco de aire. He vuelto porque el aire que necesito está dentro de tu boca”, “Para comprar un regalo iré a la tienda del amor, en esquina calle Marisa Méndez con Concha Martínez”, “y tú vendrás conmigo y no vendrá nadie más porque así lo dicen mis besos. Iremos a festejar la primavera (…) No cojas el teléfono, no lo cogeré (…) Dile a Jaime que no vas a volver (…) Dile a Andrés que estás conmigo (…) Se lo diré”. Los nubarrones que, a pesar de estar en Almería, no dejan de cernerse sobre la pareja en forma de llamadas telefónicas del marido abandonado, de los celos de Concha, de los miedos propios, se hacen más patentes al regreso de la felicísima excursión a las playas de Cabo de Gata, profusamente descritas. Estas frases son el preludio de un final trágico: “(…) quién sabe si por mar vendrían barcos hasta la playa, barcos negros funestos, trágicos. Barcos de odio hacia las felices playas del amor”, “(…) el barranco que llegaba a la Playa e los Muertos, (…) No quiero bajar a esta playa. Nos dimos la vuelta y nos fuimos en dirección a Agua Amarga. Ya los nombres no me gustaban tanto”. Este hábil uso de la toponimia marca el punto de no retorno en la historia. Es el viaje de vuelta, el anverso de la moneda, a partir de ese momento todo se precipita hacia el final previsto: la historia de Marisa no es sino una réplica contemporánea de la de Conchita Robles, la actriz asesinada por su marido militar en el escenario del Teatro Cervantes de Almería.

Con Almas de segunda, la segunda novela publicada de F. J. Sánchez Collantes, el autor ha demostrado que tiene un excelente oído para este tipo de historias cotidianas, cercanas e intimistas en las que, a mi entender, está en su medio natural. Especialmente reseñables el uso del monólogo interior, la ilación, sin transición aparente, de las diferentes voces, y el retrato que los personajes -especialmente los femeninos, y más específicamente Marisa- hacen de sí mismos a través de lo expresan y piensan. Esta novela corta certifica el crecimiento literario de un autor, Francisco José Sánchez Collantes, del que creo que lo mejor está por llegar, sobre todo si consigue acercarse aún más a eso tan difícil de lograr que es una voz propia, un estilo original e intransferible, algo por lo que, todo hay que decirlo, también se afanan autores con unas cuantas novelas publicadas en editoriales de prestigio y más o menos consagrados: poca cosa.

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