Reginald - Saki
Título: Reginald
Autor: Saki
Páginas: 96
Editorial: Navona
ISBN: 9788492716098
Año de Edición: 2009
Precio: 7.50 euros
Reseña de Blanca Vázquez - elgusanillo.blogspot.com
El extraño sarcasmo y humor negro de Hector Hugh Munro, más conocido en el mundo de las letras por el seudónimo de Saki.
Munro fue un británico nacido en Birmania en 1870, que en su infancia fue enviado a Inglaterra para criarse con sus tías. Influencia que se adivina en sus crónicas personales donde se ríe a destajo del llamado “buen tono” del ambiente social. En estos cuentos, o más bien crónicas como he apuntado antes, Saki se transforma en Reginald, un personaje un mucho frívolo, misógino sin duda, cáustico, malvado, algo así como un Boris Izaguirre de la época, pero sin tanta pluma. Con prólogo de José Luis Piquero, Reginald de Saki se alza, créanme, en una lectura diferente. Entretenida, didáctica, atípica y peculiar. Toda reunión, fiesta, pastiche o ceremonia que se precie no prescinde de Reginald. Él está allí, como el mejor alcahuete. “Reginald es lo que los británicos llaman a glenteman of leisure, un caballero ocioso cuya vida es una sucesión de almuerzos, tés y fines de semana en el campo” anota Piquero. Un petimetre con pasajes francamente divertidos y salidas geniales; otros, misógino decimonónicos: “…y tan tonta. En estos días de exceso de educación en las mujeres, ella resulta refrescante. Dicen que algunos entraron en el París sitiado sin saber que Francia y Alemania estaban en guerra…”; “La vida está llena de decepciones –observó la duquesa- y yo supongo que el arte de ser feliz consiste en revestirlas de ilusiones. Pero eso, mi querido Reginald, se hace más difícil a medida que una se hace mayor”… “Yo creo que eso se práctica más de lo que usted imagina. Los jóvenes tienen aspiraciones que nunca llega a realizar; los viejos tienen recuerdos de lo que nunca ocurrió. Sólo los de mediana edad son conscientes de sus limitaciones: por eso hay que ser tan pacientes con ellos”.
Dieciséis crónicas, (algunas tramas un tanto amargas y crueles rociadas con un tono de trivialidad que según Borges recuerdan las deliciosas comedias de Wilde), conforman este volumen en las que Reginald expresa su parecer y experiencias con cursis familiares o lejanos primos en época de Navidad, el mundo del teatro, las preocupaciones, las tarifas, sus dramas, su inocencia, o sus impresiones sobre la paz. Especialmente escandalosos algunos, como el hilarante “La travesura del coro de Reginald”, procesión bacanal que organiza el sujeto con los niños del coro: “Lo apropiado hubiera sido un equipamiento de pieles de pantera; tal como estaban las cosas, aquellos que poseían pañuelos de lunares fueron autorizados a llevarlos…”. Vamos, un sinvergüenza de chismes sociales, con un aire pícaro cuyos desaires casi gustan más que escandalizan. La traducción, realizada también por Piquero, está repleta de interesantes notas a pie de página, intentando explicar los múltiples juegos de palabras empleados, así como referencias culturales o curiosidades de la época.


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