Monógamo - Arnon Grunberg

 alt=Título: Monógamo

Autor: Arnon Grunberg

Páginas: 104

Editorial: Tusquets

ISBN: 9788483831601

Año de Edición: 2009

Precio: 12 euros

Reseña de Blanca Vázquez - elgusanillo.blogspot.com

Me topo para mi solaz, con el ansía eterna de saciar encontronazos con nuevos literatos, con un escritor vivificante y dinámico, vividor y prosista, un delirante corrosivo no exento de cierto cinismo, un holandés errante, Marek van der Jagt, perdón, quise decir Arnon Grunberg.

Quizá no sea desacertado llamarle Marek van der Jagt, al fin y al cabo éste parece vislumbrarse como su otro yo, el falso o el verdadero, depende como se lea su verdad a medias, contradicción con la que empieza su “curiosa” última novela, Monógamo.
Un escritor con experimentada faceta de múltiples oficios (a ver, ¿quién puede vivir hoy día sólo de la literatura, hasta no bien alcanzado el éxito?). Colaborador de varias revistas (Amnistía Internacional entre ellas), periódicos, radio y televisión. También gusta de vivir en carne propia aquello de lo que quiere tratar en sus novelas: incorporarse al ejército holandés para conocer Afganistán, aceptar un trabajo como reportero para entrar en la base naval de Guantánamo, trabajar en un hotel alemán y observar a los trabajadores… lo que me da pie a suponer que lo que cuenta en Monógamo lo haya vivido, más o menos. O, tal vez, su previo y polémico libro “Como me quedé calvo”, que habla de la calvicie psicológica y del tamaño del pene, sea un asunto que le trae de cabeza?!. Novela, por cierto, que firmó con seudónimo, el nombre de su personaje, el tal Marek. En todo caso, todas sus novelas causan cierta polémica, lo que, a su vez, le está reportando un gran éxito, (y, cómo no, dinero). Mirado con lupa, hay que decir que dicha polémica no le resta talento, y aunque haya mucho ruido y ciertas sonrisas, publicidad y un poco de espectáculo por parte del autor (quién ha reconocido su homosexualidad pero a la vez su amour fou por las mujeres), también hay nueces literarias de muy desopilantes texturas.

Mi identidad coincide con mi oficio de escritor. Soy lo que escribo y todas mis demás actividades están al servicio de ésta. El escritor es ante todo alguien que observa e investiga al mundo y a sí mismo, como un biólogo puede observar o estudiar a un grupo de elefantes, monos o lombrices de tierra”. Se abre Grunberg a través de Marek en Monógamo. ¿Estamos ante una transformación más de la novela? Podría ser. La novela lleva transformándose, evolucionando desde Cervantes, Broch, o Rabelais, Diderot, Joyce o Kafka. Arnon Grunberg exhibe su rebeldía por medio de su otro yo, Marek van der Jagt, un rebelde que lucha contra el orden establecido para someterlo a propio dominio, y de dominar habla mucho esta novelita: “Poco después, advertí con asombro que deseaba dominar. Pero que quede claro: dominar a otras personas”…”El engatusamiento y la seducción no causan víctimas a corto plazo. El engatusamiento sólo causa víctimas a medio y largo plazo…”. Marek/Arnon quiere conocerse, para ello registra su vida en un dietario, desde sus primeros escarceos juveniles con el ferviente deseo dominador. Comienza con su familia, hasta que se da cuenta que en realidad él es el dominado.
La literatura le sirve de guía en su objetivo de descubrir al verdadero yo: Albert Camus, Stendhal, Benjamin Constant, Frank Wedekind, André Brink, o el cineasta François Truffaut. Así, empezó Marek a considerar cada vez más repulsiva la idea de que todo hombre tiene derecho a una sola mujer. Caray, con Arnon/Marek!, “…mi imaginación era irrefrenable. Empecé a desarrollar fantasías sobre casi todas las mujeres con las que me topaba”.

Todo el relato (98 páginas) es en sí una digresión psicológica (junto a otras digresiones o pequeñas intervenciones que fecundan el texto) de la figura de Don Juan, personaje al que alude constantemente el escritor europeo traducido a veintiún idiomas. Deducimos, pues, esa cierta atracción masculina por el donjuanismo, inevitable en alguna etapa de la vida. Pensamos en el novelista-autor, según Milan Kundera, como estacionado en su momento lírico, entendido éste como una cierta manera de ser: el escritor deslumbrado por su propia alma y por el deseo de que sea escuchado. Grunberg está no solo en la edad lírica, concentrado en sí mismo, en esa cierta juventud, también intenta trazar o adivinar su propio retrato. Aún no está en el proceso de alejarse de sí mismo, cumple en cierta forma la maldición del novelista: su honestidad está atada al potro infame de su megalomanía, de nuevo me agarro a Kundera en su ensayo en siete partes sobre la novela.

¿Alcanzará este Don Juan a la bestia llamada Amor? “Te elevas y vuelas; pero te elevas y vuelas para luego caer. Nunca antes fue tan tentador ser destrozado”.

Pero sigo, y entonces Marek.. : “En París conocí a una violonchelista, V., que era de Viena y que había vivido en el mismo barrio en el que yo me crié…”.

No les cuento más, lo dicho basta para abrir boca, para degustar este fenómeno que es Arnon Grunberg.

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