El enigma de París - Pablo de Santis
Título: El engima de París
Autor: Pablo de Santis
Páginas: 288
Editorial: Booket (Planeta)
ISBN: 9788408084662
Año de Edición: 2009
Precio: 7.95 euros
Reseña de Blanca Vázquez - elgusanillo.blogspot.com
Hablaba hace unos días de editoriales que mantienen la dinámica de premios comerciales, elevándose (las editoriales y el autor elegido) a un estatus que marca tendencias y éxitos literarios. Nada que objetar, siempre y cuando dichos premios sean de calidad merecida y contrastada.
De hecho yo soy la primera que se deja fascinar por el carnet con puntos de Premios de un escritor. Ejemplo de lo dicho, los Premios Nobel me privan todos. Por no hablar de los Booker Prize, los Goncourt o los Pulitzer. Pero cuando no se corresponde calidad con floritura laureada, ahí, más vale un varapalo a tiempo que 100 mediocres volando en el aura literaria. Pero ese no es el caso del Premio Planeta-Casamérica de Narrativa Iberoamericana 2007, El enigma de París del argentino Pablo De Santis . Trabajo minucoso, obra milagrosa, pasmosamente elegante y hábilmente elaborada.
Oigan, un disfrute.
Primero; su edición de bolsillo la hace cercana a nosotros, una obra amiga, que se deja tocar y sobar, magrear y subrayar. Disfrutar de una bacanal libresca con el lenguaje vestido de pret à porter. No se hagan las longis, queridas editoriales, nada como una edición que nos haga vivir los libros, contra tapas duralex combinadas con el mueble estantería de nogal, misión adorno.
Segundo; ese interior jugoso, hilado finamente por un escritor cuyo mundo me era ya vagamente (ay! mi memoria) conocido, gracias a su obra “El calígrafo de Voltaire”, 2001. Rico, rico, este volumen vitaminado se amortiza a los cinco minutos de comenzar a leer, porque sus páginas son, desde la primera a la última, material incombustible que eleva la novela a su posición de gran dama de la literatura. ¿Exagerada? Ni lo crean. O quizá mi exaltación se deba a la falta de ofertas suculentas en narrativa contemporánea, ausentes en los escaparates de las librerías, o grandes espacios comerciales, donde, en su lugar, acaparan un sitio que no les corresponde tochos insufribles.
Una pena.
Pablo De Santis nos acerca a París en un dirigible que al vuelo atraviesa el tiempo y el océano Atlántico, lo que nos sitúa, al poco de comenzar, ante una novela no-histórica. No al menos como comúnmente se ficha a este género. Y sin embargo el autor traza el costumbrismo y la ambientación de 1889 con ingenio y estética, donde los excéntricos personajes se mueven como poseídos por el bacilo del género, en una perfecta veracidad documentaria.
Estamos en los febriles días previos a preparación de la Exposición Universal de París, para la que se han reunido los Doce Detectives más famosos del mundo, un selecto club donde cabe toda nacionalidad, práctica y método para descubrir el crimen: “Somos filósofos de la acción, y solo nos miramos en el espejo de nuestros actos”. Investigadores, que aunque no lo quieran, se dan a conocer por medio de sus investigaciones. Con un regusto decimonónico que detectamos en el poso de esta lectura, De Santis se adentra en un auténtico film noir bajo su prosa apasionada por el enigma y su revelación, una prosa cabalística y festiva. Como voyeurs lectores disfrutamos las discusiones sobre el arte de la investigación.
Con la excusa de componer un rompecabezas sobre una serie de crímenes que tienen lugar en París, cuando por fin se deciden los sabios detectives (tan diferentes, tan rivales) a contar sus secretos, De Santis da un cursillo del desarrollo detectivesco y, de paso, parte de su historia, según las costumbres culturales de cada país, y los medios de que se disponían en la época, que visto desde el trabajo actual de la policía científica, resultaba francamente meritorio cualquier resolución o el intento de ella. Cada detective define, a tenor de sus propias experiencias, en que consiste investigar, si bien algunos, entre los Doce, prefieran usar los puños al razonamiento: “Los resultados no son todo, señor Darbon. Hay una belleza en el enigma que a veces nos hace olvidar el resultado…Además necesitamos el ocio, las charlas de la sobremesa. Somos profesionales, pero no puede ser un verdadero detective quien no tenga algo de dilettante. Somos como viajeros, llevados por los vientos de la casualidad y de la distracción hasta el cuarto cerrado que esconde el crimen”.
Con grandes dosis de filosofía, el autor argentino, con un leguaje proteínico, se adentra en el legado del detective, sus tácticas, sus historias, sus amarguras, sus envidias… Ese final de siglo detenta profundos cambios, que habían de influir en todo, desde la nueva visión de la arquitectura, las relaciones sociales, o las religiones (se describe en El enigma de París la creciente proliferación de sectas y adoradores de la incógnita, lo arcano. Incluso la ciencia es materia de discusión…”La ciudad de París ha sido durante largos años un refugio para todos los saberes esotéricos. Ahora se han propuesto iluminarla. La luz eléctrica, el positivismo, la Exposición, la Torre: son formas de lo mismo. La ciencia ya no es un conjunto de respuestas, sino un exterminio de las preguntas”).
Dividida en cinco partes, la novela va desarrollando diferentes historietas de intriga siguiendo la opinión de cada detective en la forma de investigar, a la vez que el eje central lo conforma la investigación del asesinato de uno de los detectives, (Darbon), al que le seguirán la quema de un cadáver (ajusticiado en su momento, así como el asesinato de una bella mujer del espectáculo, todo ello relacionado entre sí. Contado con tal maestría, que De Santis no pierde el ritmo ni el rumbo narrativo en momento alguno.
Pero les apunto, ya en el final de este comentario, que lo brilla con especial luz en esta obra es, antes que nada, un homenaje. No necesariamente a los Sherlock Holmes reunidos en París, más bien a los adláteres, los Watson de todo detective: el ayudante, el asistente que derriba muros del “cuarto cerrado”, el consejero imprescindible de todo buen detective. Toda la novela se me antoja que sigue la trayectoria de estos detectives de segunda. Tal es así, que la voz narrativa es la de un adlátere que deviene en el mejor de los detectives. El descubridor final, Sigmundo Salvatrio.
Con ese arte de mezclar ficción, enigma, intriga, ideas, historia, nos adentramos en mil novelas en una. Hablaba antes de los cambios profundos que tan bien describe el autor con el final de un siglo y la llegada de otro. La torre Eiffel se convirtió en símbolo de esos cambios, no sin un mar de polémicas, también ella es protagonista. Pablo De Santis mueve su crónica desde el desmoronamiento de la visión única, a la hoja en blanco que el investigador (y el escritor?) debe escribir.
Producto bien fabricado, premio bien merecido.



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