26 Enero 2009 por Alberto Cerezuela Rodriguez
Título: Otro zoo
Autor: Rodrigo Rey Rosa
Páginas: 107
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432212369
Precio: 16 euros
Año de edición: 2007
Libro comentado por Marta María López – El desván de los libros
Fue la reseña que hace Guillermo Barquero en su blog la que me llevó hasta Rodrigo Rey Rosa.
Otro zoo es un libro de cuentos que se me apareció en los estantes de una librería cuando buscaba otra cosa. Lo compré recordando dicha reseña en la que el costarricense Guillermo Barquero, también cuentista, muestra su asombro por la escritura del autor guatemalteco.
Tengo que decir que no me han gustado demasiado ninguno de los cinco cuentos que conforman este volumen. Tienen, eso sí, momentos de gran lucidez narrativa y hermosísimas imágenes (aunque pocas, pues es bastante lacónico).
Rodrigo Rey Rosa escribe cuentos con un lenguaje lavado de excesos, pero no limpiado de adjetivos hasta la exageración como hacía en sus cuentos anteriores a este volumen, de manera que su prosa ya no es tan impersonal, pero sigue faltándole esa suerte de imágenes que hacen de un cuento algo inolvidable. Echo en falta que dé más vida a los personajes, que nos los haga reales. Se centra especialmente en la historia y la cuenta de una forma esquemática de manera que casi tenemos la impresión de estar leyendo el esqueleto del cuento y nos quedamos con las ganas de cubrirlo de carne, de piel. Así todo, algo muy especial tiene la prosa de este autor porque en ningún momento me apeteció dejar de leer el cuento, todo lo contrario, me apetecía seguir la historia, aunque aquí no debe buscarse un final redondo porque no lo hay. Hay simplemente finales –finales apresurados, diría yo–. Pero como dijo Ramón Buenaventura en El corazón antiguo (cito de memoria): no importaba llegar, importaba ir viviendo. En los cuentos de Rey Rosa no importa el final, importa el paso a paso de la historia.
Los niños son los protagonistas indiscutibles de estas historias. No sólo los niños, sino la complejidad de la infancia, del crecimiento, de vivir en un mundo donde las normas las imponen los adultos y a ellos sólo les queda obedecer y no comprender el porqué de las cosas.
Creo que los mejores relatos son Gracia y El hijo de Ash. Ambos de ambiente rural guatemalteco. El primero nos narra la capacidad que tiene una niña, tan sólo con el poder de su deseo y su esperanza, para salvar la vida del cordero que ha criado y que su hermano acaba de vender para ser sacrificado. En el segundo, el hijo de un delincuente americano queda solo con el capataz de la hacienda, en una tierra plagada de cocodrilos, cuando su padre es encarcelado.
El relato con el que se comienza el libro (y que le da título) tiene un planteamiento interesante, pero no así su desenlace, forzado y totalmente inverosímil. Una niña y su padre van a pasar la mañana al zoo, pero ella se pierde, se esfuma delante de sus narices. El trasfondo de la historia es la dificultad para admitir que los hijos creen y no necesitan a sus padres del mismo modo, que se convierten en personas libres e independientes. Si no fuera por el final extraño, narrado de manera que resulta totalmente inverosímil al lector, este podría ser un cuento verdaderamente original porque la idea es estupenda.
Siempre juntos es una fábula protagonizada por dos escorpiones, madre e hijo, y está narrada con gran ternura. Los conflictos de los escorpiones son los conflictos normales de una madre que desea que su hijo asuma responsabilidades y un hijo al que nunca se le han exigido esas responsabilidades y cuando llega el momento no sabe cómo asumirlas.
En el más extenso de los cinco relatos, Finca familiar, una pareja arruinada y su hijo dejan su casa de la capital y se instala en la finca que había pertenecido al abuelo. En ese ambiente de miseria, el niño descubre que aun creyendo que no se posee nada, siempre hay alguien que desea algo de lo que tenemos.
No digo, ni muchísimo menos, que no merezca la pena leer estos cuentos de Rodrigo Rey Rosa. Lo que digo es que me parecen flojos para alguien del talento que se le atribuye a este autor y que quizás sea el resultado de un cambio de estética que aún se le resiste (ha abandonado el laconismo extremo que lo caracterizaba).
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