17 Enero 2009 por Alberto Cerezuela Rodriguez
Título: Todos los cuentos
Autor: Cristina Fernández Cubas
Páginas: 507
Editorial: Tusquets
ISBN: 9788483830970
Precio: 24 euros
Año de edición: 2008
Libro comentado por Marta María López – www.eldesvandeloslibros.net
Este volumen recoge los cinco libros de relatos que publicó la autora hasta la fecha y añade El faro, un relato inédito, continuación del que había dejado inacabado Poe.
Creo sinceramente que es imprescindible leer el prólogo de Fernando Valls (antes o después de los cuentos, eso a gusto de cada uno) porque arroja mucha luz y hace uno de esos análisis profundos a los que nos tiene tan acostumbrados.
El primer libro de relatos de Fernández Cubas, Mi hermana Elba, apareció publicado en 1980 y supuso no sólo un enorme éxito, sino una bocanada de aire fresco en el panorama español, más ligado desde siempre al realismo que a la corriente fantástica. Los cuatro relatos que lo forman están plagados de inquietud y misterio. Desde el primero, Lúnula y Violeta, asistimos a ese ambiente tan propio de la autora, un ambiente cargado de magnetismo y de un aroma que casi podemos oler: mujeres con sombreros de tienda de segunda mano, contadoras de historias que hipnotizan, casas aisladas en medio del campo y ese cierto toque vampírico de una de las protagonistas para extraer y apropiarse de las cualidades de la otra. Es este un cuento realmente magnífico, narrado en primera persona por una de las protagonistas, en forma de diario o de apuntes inconexos. Creo, sin embargo, que le sobra la parte final, lo que se llama “nota del editor” y que expone quiénes eran (o podían ser) Lúnula y Violeta y cómo aparecieron esos papeles que ahora se transcriben. Pienso que esta última parte es demasiado explicativa y le resta fuerza y misterio al resto de la historia, que es maravillosa.
La ventana del jardín es otro relato estupendo, con final inesperado si tenemos en cuenta que se enmarca dentro de una cierta corriente fantástica o, al menos, de misterio. Termina como no terminaría un relato de estas características, es decir, con la explicación más obvia y la apertura a nuevos enigmas, y eso le imprime un valor añadido. Nuevamente narrado en primera persona, nos cuenta la llegada de una antigua amiga a la casa de un matrimonio con un hijo enfermo. A la recién llegada todo lo suena extraño, hasta el punto de que empieza a plantearse si no habrán asesinado al niño o si no se habrán inventado que está enfermo. Quizás lo más llamativo del relato es la creación de un lenguaje nuevo, o mejor: la utilización del lenguaje conocido para designar realidades diferentes.
Mi hermana Elba es un relato maravilloso plagado de niñas extrañas. También está narrado en primera persona (como los cuatro que conforma el primer libro de relatos de la autora). Tras problemas en el matrimonio de sus padres, dos niñas son enviadas a un internado de monjas. Allí conocen a una chica extraña que se pasea por las áreas prohibidas del colegio sin que nadie le diga nada. Ha encontrado un escondite secreto, un especio fuera del espacio (una esquina al lado de una escalera, una baldosa en medio de la iglesia…) en el que se convierte en invisible para el mundo y puede ver sin ser vista. Permite que las hermanas la acompañen y se crea entre ellas una unión que no sobrevive al verano siguiente. Cuando vuelve a iniciarse el curso, cada una de ellas toma caminos distintos, se interesa por otras cosas y sólo la pequeña Elba parece no haber cambiado.
El último relato, El provocador de imágenes, es el más flojo, a pesar de la vuelta de tuerca del burlador burlado, y se hace largo por la cantidad de explicaciones que da el narrador antes de “entrar en harina”.
Los altillos de Brumal
Su segundo libro de relatos, Los altillos de Brumal, aparece publicado en 1983. Nuevamente se trata de cuatro relatos cuya extensión está cercana a la de la novela corta.
El relato que da título al libro nos cuenta la historia de una mujer que vuelve años después al pueblo en el que vivió siendo niña. Brumal es un lugar donde impera la fantasía y la madre de la protagonista la arranca de allí para hacer de ella una mujer dominada por la razón. Pero ella decide volver allí y dejarse llevar por esa herencia fantástica.
En el hemisferio sur una escritora enloquece y no se reconoce en el seudónimo que ha utilizado para publicar. Cree que ella y la mujer del seudónimo son dos personas distintas, que se les ocurren las mismas historias y la otra las ha publicado antes que ella.
La noche de Jezabel narra una velada de un grupo de personas. Todas ellas comienzan a contar historias más o menos misteriosas, pero la que más le llama la atención al narrador es la que cuenta Jezabel, una historia muy parecida a un relato de Poe.
El reloj de Bagdag es mi relato favorito de este segundo libro de cuentos. Utiliza una técnica clásica de las historias de miedo: la llegada a la casa de un elemento extraño, en este caso el reloj, que desequilibra la vida familiar. Las criadas siempre han contado historias del Más Allá, pero ahora, a través del reloj, es como si ese Más Allá hubiese entrado en la casa. Los ojos de una niña son los que observan cómo el reloj va dominando el ánimo de todos.
CONTINUARÁ…
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