El cuarto día - Cecilia Quílez
Título: El cuarto día
Autor: Cecilia Quílez
Páginas: 72
Editorial: Calambur
ISBN: 978-84-8359-026-3
Año de Edición: 2008
Precio: 9 euros
Comentario de Isabel Pérez Montalván - “Revista Mercurio”
A penas han pasado dos años desde que la escritora Cecilia Quílez (Algeciras, 1965) llamara la atención en el panorama de la reciente poesía española con su poemario Un mal ácido, que publicó Torremozas.
Ahora, la editorial Calambur edita una nueva entrega de sus textos líricos bajo el título El cuarto día. En este nuevo libro se asienta definitivamente la autora con una voz desasosegante que trasiega en la inmensidad del tiempo, de la realidad material y de las abstracciones de su entorno. Porque el cuarto día es el primero de un presente en marcha (de hecho, predomina en el discurso el uso del tiempo presente sobre el pretérito) que se dirige hacia un futuro incierto, como consecuencia lógica de haber dejado atrás o haber sobrevivido a tres días (o décadas o edades) que han constituido el sedimento fósil de una nueva capa de existencia en formación. O eso al menos parece deducirse de la lectura: “El cuarto día es el primero / después de mi resurrección”, nos dice a modo de conclusión en el poema “Epílogo”, que no en vano cierra el libro, dividido en tres partes diferenciadas.
Es preciso señalar que la inquietud, las sombras, el reverso de lo tangible o la pregunta inquietante ya estaban presentes en aquel Mal ácido, pero forman la columna vertebral del contenido y la forma en esta última publicación. Ahora bien, un aspecto que no ha cambiado en su literatura es la probada habilidad para jugar con el vocabulario y con el ritmo sintáctico, para construir con el idioma un edificio poético original que hunde sus cimientos en una partitura musical que se deja oír tanto en su melodía como en sus letras. Todo esto lo consigue Quílez no sólo por su capacidad para moldear la lengua, sino sobre todo gracias a un imaginario personal puesto en evidencia, que se nutre de símbolos románticos (aparecen términos alegóricos como pasadizos, sangre, tumba, calavera, cenizas, belleza, cuervo, morgue, tempestad) y que tiende a la trascendencia y elevación de lo evidente y de lo aparentemente cotidiano, como la pasión y el amor, tema por excelencia del poemario si bien no el único, ya que también hay espacio y palabras para plantearse un reducto de memoria y sobre todo un monólogo interior que quiere aclarar conceptos y proponerse pautas de actitud; como cuando declara la intención de “No dejarse asesinar por el miedo”.
La obra de Cecilia toma de la tradición apenas las interpretaciones de cierta simbología y pone de su propia cosecha lo demás: su visión particular, a veces irracionalista, de cuanto elige mirar o descifrar; su estilo, su inapelable elección de temas y la creación de atmósferas (sin duda lo más conseguido). Del conjunto de textos destacan los de largo aliento, más narrativos que impresionistas, como “Prólogo” y “Muy frágil” y la unidad de “Cuatro misterios y una ofrenda”. El cuarto día no dejará indiferente al degustador de poesía en estado puro.


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