Asesinos sin rostro - Henning Mankell

 alt=Título: Asesinos sin rostro

Autor: Henning Mankell

Páginas: 312

Editorial: Tusquets

ISBN: 9788483101599

Año de Edición: 2001

Precio: 18 euros

Comentario de Magda Díaz Morales - apostillasnotas.blogspot.com

Ya habíamos comentado anteriormente sobre el inspector Kurt Wallander, el personaje creado por Henning Mankell:

de su poco comer (y de todas formas sube de peso), poco dormir y beber más de la cuenta en determinadas épocas, de la imprudencia de su padre que le llama a todas horas, de su relación ocasional con una mujer negra que lo visita por las noches, de su afición por la ópera italiana, de su divorcio, de su preocupación por su hija, Linda Wallander, de ese llegar cansado después de perseguir pistas sobre el criminal y no encontrar nadie en casa porque vive muy solo, de su taza de café caliente, de su salud un poco deteriorada, de su gran sensibilidad, honestidad y esa calidad humana que le lleva a pensar continuamente en jubilarse “para dar paso a esa sociedad postmoderna que parece no comprender”.

En Asesinos sin rostro (Premio a la mejor historia policiaca de ese año otorgado por la Academia Sueca de Novela Negra), que leí hace algunos meses, Kurt Wallander tiene que investigar el asesinato de un tranquilo matrimonio de ancianos que viven en una granja de Lenarp, Suecia. “El marido ha sido horriblemente torturado y la mujer muere estrangulada poco a poco, con el tiempo justo de pronunciar antes de morir la palabra extranjero”, es la única pista que tiene. La novela atrapa desde el inicio, no he captado claramente si es el crimen y el descubrir a los asesinos lo que me interesó más en la lectura o fue la personalidad de Kurt Wallander y el entrecruzamiento con un tema delicado que plantea la novela: la xenofobia, ese odio u hostilidad hacia los extranjeros:

Con temas como la inmigración ilegal, la corrupción política y la aparición de violentos movimientos neo-nazis, Wallander es un policía a la usanza antigua que se convierte sin querer en testigo de la aparición de “un mundo nuevo que había surgido sin que él se hubiese dado cuenta”. Kurt Wallander se pregunta: “¿Cómo iba a aprender a vivir en esta nueva era? ¿Cómo se maneja la enorme inseguridad que se siente ante los grandes cambios, que además ocurren demasiado deprisa?” Lo que Henning Mankell está narrando es, de manera específica, algo que el gran crítico lituano Slavoj Zizek llama “la lenta y dolorosa decadencia del estado de bienestar sueco”. El éxito de Mankell se debe, entonces, a que la problemática local –Suecia ya no es la gran utopía social–, repercute en otros países de Europa y otras partes del planeta. Más allá de Mankell, la novela negra está en auge porque ha encontrado un modelo narrativo eficaz que le permite narrar la crisis de, en palabras del crítico Fernando Martínez Laínez, “una sociedad lastrada por la estrecha relación entre política y delito, la hipercompetitividad capitalista, la omnipotencia del dinero…, la doble moral y los manejos que hacen de la justicia una simple maquinaria productora de leyes alienantes…” (Paz Soldán)

Asesinos sin rostro es la primera de una serie de novelas en las que Wallander nos cautiva ¿o el que nos seduce es Henning Mankell?