La persistencia de la memoria - Tony Eprile

 alt=Título: La persistencia de la memoria

Autor: Tony Eprile

Páginas: 352

Editorial: Velecio

ISBN:

Año de Edición: 2008

Precio: 19 euros

Libro comentado por Blanca Vázquez – elgusanillo.blogspot.com

La historia de Sudáfrica es un terreno resbaladizo y controvertido” (pag.343, Epílogo) concluye al final de La persistencia de la memoria (2004), su autor, el escritor sudafricano Tony Eprile.

Editado por Velecío Editores, quienes están sacando al tan difícil mercado literario publicaciones realmente interesantes, la obra de Eprile es fascinante, además de una experiencia didáctica sobre una sociedad, la sudafricana, que para los españoles, más comúnmente en contacto histórico con el norte de África, es una gran desconocida. Al igual que el Premio Nobel J.M. Coetzee, Eprile es una voz de Sudáfrica que apunta maneras, dotado de una profundidad en su prosa que pocos, muy pocos, escritores poseen. Inteligente, con una arquitectura hábilmente elaborada, no en vano señalado como libro del año 2004 por el “New York Times”, el “Washington Post” y “Los Angeles Times”, la novela está salpicada (para nuestro placer) por voces del lenguaje afrikáner y notas a pie de página aclaratorias sobre hechos históricos, así como el pensamiento de su protagonista (en cierta forma a veces cómico), y referencias a la antropología social sudafricana. Tony Eprile ha ideado, para conjurar un pasado vergonzoso, las memorias, u orígenes , de un joven blanco y judío cuya infancia y juventud ha coincidido con el tormentoso período del Apartheid. Paul Sweetbread (Molleja) es el curioso nombre de este chico, de carnes tan blandas como anchas, gran pensador, con un exquisito deleite gastronómico, siendo la gastronomía, una pieza catártica que da aliento al desaliento de su presente, y poseedor de una memoria prodigiosa, que le impide olvidar o evadir los recuerdos que muchos otros enmascaran por dolorosos. “La memoria es en sí misma un acto subversivo” (pag.328).

Novela muy imaginativa (¿algo del autor se habrá derramado en la historia?) sobre el crecimiento personal, de ventilación política, sustentada en ocasiones por cierta ironía, planteando el sutil juego que las sociedades llevan a cabo, como la memoria es esclava de la historia y la política, o ¿es la historia la hija predilecta de la memoria, según la mitología griega?

Por otro lado, me alegro enormemente de que el sudafricano blanco se vea obligado a reconocer lo que han hecho en su nombre, a ver el sufrimiento humano gracias al cual su piscina era azul, gracias al cual se iba de vacaciones a las reservas naturales”, (pag.265). El protagonista de Eprile es un outsider, un pez fuera del agua con respecto a su entorno. No es un revolucionario, o tal vez sí, visto desde otro ángulo, con la persistencia de su memoria, al margen de las versiones que cada individuo de su círculo existencial provea a su historia, tanto personal como social. Y este regalo envenenado, (su memoria prodigiosa) como él mismo la define, no obvia su vida personal, el claro recuerdo de la grotesca muerte (suicidio) de su propio padre, cuando Paul era tan solo un niño. “Puedo hacer que la imagen se desdibuje un poco, como una fotografía que pasa mucho tiempo debajo de la luz del sol, pero no puedo cambiarla ni falsificarla. En el colegio debí de perderme algo, de estar pensando en las musarañas durante las clases básicas sobre la manipulación de los recuerdos, pues ni al más idiota de mis compañeros le habría costado lo más mínimo llevar a cabo esa simple tarea…”(pag. 57).

Su adolescencia resulta tediosa, solitaria, de emociones confusas e ingobernables, como el chico gordito, listo que es, preguntón impertinente, y de tranquila observación cuyo objeto es el absurdo antropológico del afrikánder : “…imagino que, algún día, en un futuro lejano habrá un museo del Apartheid, porque ¿no resulta increíble el nivel de absurdo alcanzado al seguir la filosofía de un holandés loco? (pag. 100).
El libro se divide en tres partes que constituyen las tres partes principales que han formado al hombre que va a encarar la comisión de la verdad en un cara a cara con sus propias contradicciones y nihilismo: El presente que abarca de 1968 a 1987; La hora del deber, de 1987 a 1989; La hora del desastre, de 1989 a 2000. Con regusto de desilución y en parte alimentado por una ausencia de iniciativas de futuro, Molleja finaliza su etapa de estudiante tomando la incongruente decisión de alistarse en el ejército, en un momento en el que tiene lugar la guerra secreta entre Angola y Namibia (1989). Sin necesidad de que el lector repase datos históricos precisos, Eprile escenifica a la perfección esa violencia aspera que bulle entre excusas siempre convenientes y convincentes para el presente y el futuro: En una guerra todo vale, no es un picnic, y siempre hay daños colaterales, penosos pero necesarios para la salvación de la patria. Todos creíamos en lo que estábamos haciendo, afirmará más tarde la eficiente máquina de matar, el capitán Lyddie, ante la evidencia de una perfecta memoria, la de el recluta Molleja. Cualquier excusa, envenenando el lenguaje, parece válida para eximir de responsabilidades, personales y civiles. Algo que la globalización ha convertido en moneda común en todos los países, da igual la guerra, la verdad siempre resulta ambigua.

Aborda el autor la tercera y última parte como una especie de expiación, cuyo centro es la Comisión para la Verdad y la Reconciliación. Desde la perspectiva de alguien extraño inmerso en la ciénaga, encontrar la paz cruzando el centro de una crisis postraumática es quizá una manera de mostrar al mundo la manera en que la nueva sociedad sudafricana ha renacido de las tinieblas. “Pero, ¿creo realmente que el descubrimiento de esos hechos y de esos recuerdos va a cambiar las cabezas y los corazones de los beneficiados por el apartheid, y a curar las heridas de la mayoría negra, mediante el milagro de la verda?. No lo sé. (pag.266).

La persistencia de la memoria es un íntegra introducción sobre Sudáfrica y parte de su sucia historia. Es una gran novela, redactada de manera sobresaliente, nutritiva. Una literatura de afirmación, de profundidad, repleta de múltiples referencias culturales. Chapeau Sr. Eprile.

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