Un tranvía en SP - Unai Elorriaga

Título: Un tranvía en SP

Autor: Unai Elorriaga

Páginas: 176

Editorial: Alfaguara

ISBN: 9788420466033

Año de edición: 2003

Libro comentado por Blanca Vázquez – http://elgusanillo.blogspot.com/

He vagado por un mundo mágico durante unos días. Los necesarios para hacer pie en la lentitud y regodearme en las palabras del diccionario mágico de una joven promesa, Unai Elorriaga. He topado (y me ha encantado) con una narrativa francamente excéntrica. La novela-poema Un tranvía en SP, Premio Nacional de Narrativa 2002, no huele ni de lejos a esas lecturas triunfantes de escaparates de gran superficie. Es decir, no es a priori un libro de éxito, un bestseller. Sin embargo es todo un éxito que este autor vasco haya escalado tan altas montañas lingüísticas.

Pura medicina, esta obra abre compuertas a la imaginación (adormilada) de aquel lector urbanita de bestsellers. Salvajemente lunático, Elorriaga no critica el mundo que hemos parido, solo hace pequeñas anotaciones (“Le cambiamos los pañales Roma y yo. Y eso puede parecer dramático -si se es una persona dramática, como los notarios-.”) como si se tratara de visiones de cuerdos entre locos, personajes como el viejo Lucas, su hermana María, su particular ocupa Marcos y Roma, la pintora-doctora. Gente extraordinariamente rica.

En este turmix de 154 páginas el joven autor vasco ha unido a fuego lo real con lo imaginario en un delirio continuo tal que por momentos nosotros, lectores, perdemos pie. !Ah, oiga, pero muy a gusto!, como si nos fumáramos un canuto literario. Se atreve, (¿dónde se ha visto?) a aunar vejez con juventud, en una comuna feliz, donde la amistad es Poder, con mayúsculas, en un día a día recargado de melancolía y sueños de vigilia.

Ocho partes conforman esta novela que se centra en la parte final de una vida, el descenso a la demencia de un anciano republicano, Lucas. Pero tendrá suerte Lucas, porque está rodeado de amor y atención recreada por él mismo como si de escaladas a ochomiles se tratara, tal es su pasión por el montañismo, y su admiración por cumbres como el Shisha Pangma (SP en el título). Cada uno de los ocho capítulos atesoran cuevas de gran belleza prosística: El día en sí; Cuando el día empieza a dejar de ser día; Lucas. Ejercicios; María. Ficciones; Marcos; Roma; y algún que otro espontáneo como Matías. Cartas. Y Elorriaga explora cada una de ellas entrando en la mente de sus protagonistas, para nosotros. Mundos de margaritas en el ojal. “Marcos sabía que aquella astilla era importante, pero pensó, al mismo tiempo, que sus bolsillos era lo más parecido a un bosque de Europa central, y que lo único que le faltaba era un jabalí o media docena de druidas”.

Resulta difícil de explicar los momentos extraños que contiene el libro, como cuando habla de los cálculos que hacemos toda nuestra vida. En realidad, querido lector, no puedo transcribírselo en un par de frases, porque sería necesario leer las dos páginas con su final. Esos milagrosos finales descompuestos. No obstante su belleza, nuestra salud mental no podría superar un volumen de mayor paginado. Tan dulce locura, influencias claras de Rulfo y Borges nos satisface en su trayecto corto, puesto que es un viaje literario que vive solo a ratitos en la realidad, que toca con enorme sutileza la decadencia de la vejez.

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