Ningún lugar sagrado - Rodrigo Rey Rosa
Título: Ningún lugar sagrado
Autor: Rodrigo Rey Rosa
Páginas: 128
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432207624
Año de Edición: 1998
Precio: 9 euros
Comentario de Guillermo Barquero - sentenciasinutiles.blogspot.com
No recuerdo exactamente cómo llegué a saber de la existencia de Rodrigo Rey Rosa, pero creo que fue en una de esas interminables sesiones de navegación, que llevan de Borges a Cortázar, de ahí a Onetti, luego a Ribeyro y al final a alguien de nombre Rodrigo Rey Rosa (del más conocido, al menos, como un fantasma que va apareciendo entre las páginas).
Después, vi sus interesantes datos biográficos, que hablaban de su vida transhumante y su publicación en inglés antes que en español, gracias a los oficios de Paul Bowles. No sé por qué –quizá por el rostro de las fotografías que aparecían en las páginas; quizá por la violencia con la que se lo asociaba-, pero pensé que se trataba de un autor que había ya muerto. Qué va, estoy más muerto yo que él.
Busqué, porque para algo bueno existe internet (digo, algo más que chatear), uno de sus cuentos en línea. La entrega, se llamaba, de la colección El cuchillo del mendigo. Me gustó, un cuento de palabras tranquilas, que dejan el sabor amargo de la violencia que no se explicita con adjetivación fácil y parafernalia inútil. Había que seguir probando esa prosa.
Ningún lugar sagrado es una colección de nueve cuentos –Saliger, Nabokov, ¿acaso es un número cabalístico- y un apéndice, que consta de dos escritos, uno breve acerca de la obra de Rey Rosa, y una entrevista pequeña, de respuestas admirablemente sinceras (Tal vez el carácter hermético y subjetivo de esas primeras “narraciones” tenga que ver más con las limitaciones de un escritor sin experiencia, que con una intención estética determinada, dice de su primer cuentario) . Un buen recurso para el que no quiera irritarse los ojos buscando en internet.
Yo había leído, y creo que es un dato por el que es famoso, que la prosa de Rey Rosa era telegráfica, con un ahorro extremo de medios, para desnudarla de toda retórica y crear ambientes fríos. Claro, eso puede ser la opinión de alguien que lo ha leído, pero no mi impresión total. No se puede negar que las frases tienden a ser cortas, concisas, pero en ningún momento existe la pobreza que se adivina en las palabras de los artículos; lo de Rey Rosa no se llama desnudez ni simpleza ni infantilismo: se llama eficacia, el hecho de poder decir todo tan tranquilamente, como un cronista con un tremendo talento, que describe cosas atroces con la parsimonia de un testigo imparcial. Digamos que sin sobras ni orlas innecesarias.
Allí estaban las entrañas de Poco –intestinos, hígado, corazón- flotando en una masa de sangre a medio coagular. Alicia se llevó una mano a la boca, apartó la mirada. Al lado del fregadero había un tazón negro lleno de sangre negra. (Poco-loco)
Tres hijos. Un hombrón. Hace karate. Lleva pistola. Un auténtico macho. En Guatemala, su mujer es guapísima, además. No creo que ella sepa nada. (Ningún lugar sagrado)
Además, ¿cómo o para qué un estilo fastuoso, de adjetivación prolija, de descripciones detalladísimas, cuando las historias y las realidades son lo suficientemente descarnadas?
En los cuentos hay crímenes y relatos de crímenes, corrupción de políticos y militares, abuso infantil, drogadicción, mesianismo, y otras cosas que no son precisamente ficciones picarescas, sino realidades contantes y sonantes. Pero, por encima de todo, o metiéndose entre los acontecimientos, como agua que va inflando una esponja, el maltrato y melancolía de los inmigrantes guatemaltecos en New York, que han vivido estas historias o que las relatan, porque han tenido que irse a los Estados Unidos para huir.
Si el estilo es parco –bueno, está bien, hay que confesar que a veces resulta excesivamente sencillo-, los modos de narrar no son en absoluto tradicionales. Hay de todo un poco: un cuento narrado a la manera tradicional, que esconde unos propósitos de locura mesiánica; pequeños retazos de violencia y desesperación que apenas son como flashes que iluminan una escena, congelada y luego reconstruida por un Rey Rosa desapasionado; soliloquios epistolares completos y a medias (hay que leer el libro para entender bien esto); un diálogo en un consultorio de psicólogo, en el que hay que adivinar las preguntas del psicólogo, y solo se leen las respuestas del paciente, un inmigrante que reconstruye hechos variopintos de una infancia de drogas, sexo irresponsable, planeamiento de un secuestro y tantos hechos más oscuros, todos relacionados con la violencia (esto es del relato Ningún lugar sagrado, que le da nombre al libro). También hay escenas diminutas, rudas, que alguien ha visto en cintas de video.
Es particularmente interesante la especie de tríptico de la incomunicación, que son tres formas de soledad, con las palabras de solo un lado de una historia siempre triste, que pasa de la incomunicación total (Negocio para el milenio), pasando por un soliloquio que apenas recibe una respuesta fría (Hasta cierto punto), hasta las palabras desesperadas del paranoico con su psiquiatra (Ningún lugar sagrado). Los tres (los seis, en realidad) tienen en común los desgraciados inmigrantes chapines.
En el último paréntesis escribí “los seis, en realidad”. Esto quiere decir que es un libro de dos partes. Están los seis primeros cuentos, casi diría monotemáticos, y luego el bloque de los tres últimos –que siguen estando situados en New York-, narrados en una forma tradicional, con temas, a mi parecer, más ricos por variados (el espíritu y la escritura; el desahucio y los deseos que de él surgen; la poesía y los círculos poéticos bufonescos), que le dan aire al conjunto, lo oxigenan y evitan que se caiga por el peso de tanta sangre y desesperación. Aquí hay inclusive frases más largas, metáforas más efectivas, descripciones más morosas.
¿Es bueno reproducir una realidad tan atroz, de forma tan reiterativa, dando a entender que el país de uno no sirve para nada, como si no fuera suficiente lo que dice la prensa? Si se convierte en literatura de calidad, quizá. Si se tiene el talento de Rey Rosa, su capacidad para hablar de lo mismo de muchas maneras, podría ser. Si hay seis historias iguales, con un apéndice de tres cuentos enternecedores y distintos en su forma tradicional, probablemente sí. Y, para los países del primer mundo editorial, solo hay una respuesta: definitivamente, sí. Las desgracias de los países de esta franja -que no sean Costa Rica- son material interesante; lo demuestran unas palabras de Roberto Bolaño –me imagino que eso santifica a cualquiera- de la contraportada:
Y entonces uno no puede sino pensar en todo el horror que se ha vaciado sobre Guatemala, la abyección y la sangre (…) tres escritores enormes (hablando de Monterroso, Asturias y Rey Rosa) salidos de un país pequeño y desventurado. Y la imagen que queda en el espejo es terrible y está viva.
Al final, por dicha, en Ningún lugar sagrado hay carne, y no solos huesos pudriéndose en el opresivo ambiente newyorkino.


fascinante, no se que necesito hacer o con que sabia necesite haber nacido para escribir asi, no digo como Rey Rosa, sino de alguien como lo hicieron de Rodrigo en este escrito que acabo de leer, lei “Ningun Lugar Sagrado” hace cosa de dos años y revivi de manera increible lo que casi habia olvidado, exquisita eleccion de palabras y aunque haya batallado para entender algunas cosas no puedo mas que decir que si alguien lee esto y no se interesa por Rey Rosa ni el mismo podria convencer a nadie de leerle ni ofreciendo un chocolate por pagina leida. Definitivamente en la internet cada tema tiene su nicho, pense que ese libro maravilloso que lei hace unos años estaba destinado a ser disfrutado por mi y una amiga, ya veo atraves de esta reseña que afortunadamente me equivoque, halago a Rey Rosa pero sobre todo al que hablo de Rey Rosa.