Historia general de Al-Andalus - Emilio González Ferrín
Título: Historia general de Al-Andalus
Autor: Emilio González Ferrín
Páginas: 608
Editorial: Almuzara
ISBN: 9788488586810
Año de Edición: 2006
Precio: 28 euros
Comentario cedido por Encuentros de lecturas - encuentrosconlasletras.blogspot.com
Subtitulada Europa entre Oriente y Occidente, esta Historia general de Al Ándalus es una obra monumental, densa y desenfadada, divertida y profunda.
La ha escrito con tono sorprendente y magnífica prosa, llena de sutilezas, el arabista Emilio González Ferrín, que dirige el Departamento de Filologías Integradas en la Universidad de Sevilla, y la ha publicado en una edición muy cuidada la editorial Almuzara en su colección Huellas del pasado.
Precedido de una cita de Lytton Strachey sobre la Historia como una de las bellas artes y no como mera recopilación, es esa voluntad artística la que preside el plan de la obra y guía su desarrollo con la tensión sostenida de una reflexión exigente:
El libro -advierte el autor en los prolegómenos- decepcionará a los buscadores de combustible ideológico. A los sedientos de contundencia. Y debe ser así por puro respeto a la inteligencia del lector. Es una ofensa asumir que los tiempos exigen soflamas, puñetazos en la mesa, aquello de cicatriz grande, cirujano grande. No, la claridad puede ser sutil. Laparoscópica. Desconfíe el lector de los malabaristas, prestidigitadores de voluntades ajenas. Aquellos capaces de fingir movimiento a base de agilidad. Tertulianos que con los mismos tres bolos de siempre interpretan cada nuevo acontecimiento. Cuidado con las manos ágiles, que siempre acaban -elegantemente, eso sí- llevándose nuestra cartera.
Pero a nadie parecen interesarle las fuentes culturales, entre las que destaca la religión en la historia de los pueblos. Por contra, se elevan las religiones o su ausencia a categorías de sujeto de la historia. Y va a ser complicado describir un mundo sin tonalidades grises: o identidad exclusivista islámica, o etéreo nihilismo occidental. Por contrastar algo más, diría que tengo un Nuevo Testamento en árabe. En él, San Juan afirma que el verbo era Dios. Pero pone Alá porque -como digo- está escrito en árabe. También tengo una estampa de San Josemaría Escrivá de Balaguer en árabe, impresa para los cristianos del Líbano. San Josemaría aparece como fundador del Opus Dei. Puesto que -insisto- está en árabe, lo escriben Amal Alá -obra de Dios, en árabe.
Cuando el lector se repone de la conmoción y la sorpresa que le producen párrafos como estos, empieza a hacerse una idea del talante y el enfoque con el que se ha concebido este libro, bajo el que corre un torrente de erudición que no pesa en sus páginas, pero aflora en la consistencia de sus propuestas.
Y entra en un discurso sobre el método, sobre el concepto de Al Ándalus más allá del tópico, sobre el sentido de las tierras intermedias entre lo oriental y lo occidental, de Al Ándalus como cultura de frontera.
Recibe el lector un baño de buen humor y aire fresco, de inteligencia analítica y profundidad irónica cuando se le explica el proceso de orientalización de Roma que dio lugar a Bizancio y de ahí a la continuidad norteafricana de la Hispania visigoda para desmentir algunos mitos fundacionales.
Por ejemplo el de las caballerías bereberes, invasoras y apocalípticas, pese a su número reducido. Ese mito de la invasión hizo luego posible el otro mito fundacional de la Edad Media peninsular: el de la Reconquista, que encuentra su sentido y la medida de su existencia en Tariq y Muza: la pérdida de España y la alta empresa de su recuperación.
¿O quizá fue al revés? ¿Fue el mito de la Reconquista el que tuvo que encontrar una coartada?
Deduzca el lector qué fue primero y si la Reconquista precisaba como justificación encubridora de otros intereses el invento de una usurpación territorial.
Frente a esa visión, la que se propone aquí es la de un Islam heredero natural de la Roma oriental y la de Al Ándalus como hijo legítimo de su tiempo hispano previo, con su revueltas de clientelismo y sus alianzas estratégicas.
Convencido de que la historia debe ocuparse de los problemas y no de los periodos, el autor de este ensayo de historiología hace esta propuesta crucial: el Islam no conquistó el Norte de África ni Hispania: surge y evoluciona aquí por la interacción de cuatro zonas esenciales en el medievo: el Oriente bizantino y el Oriente persa, Hispania y el Norte de África.
Esa Roma oriental injertada en Occidente es la Hispania orientalizada y descubierta como Al Ándalus por la cultura árabe helenizada en torno a Damasco.
El otro eje del libro es la reivindicación de un primer renacimiento europeo que tuvo su origen en el auge cultural y en el desarrollo científico de algunos núcleos urbanos andalusíes. Para eso fue necesaria la consolidación del emirato omeya, que hizo de Córdoba a mediados de siglo IX una prodigiosa ciudad de los ingenios.
El carácter continuista de la civilización andalusí permite contemplar en bloque sus resultados y su evolución desde los tiempos de los emires omeyas hasta la Granada nazarí.
Hace más de sesenta años, ya había hablado Karl Vossler de este primer renacimiento europeo que por haberse escrito en árabe suele ser ignorado. Un orden periférico en el que frontera y pensamiento originan el brillante racionalismo andalusí de Averroes o Maimónides. Fue el refinamiento de la seda frente a la lana, la música de Ziryab, Medina Zahara y el califato, los zéjeles de Ibn Quzmán y la paloma de Ibn Hazm.
Con altibajos y destrucciones, se llega así hasta las ciudades-estado de taifas, hasta el Quinto reino peninsular, el reino nazarí de Granada, en el que se condensa y culmina Al Ándalus, con sus cortesanos al arábigo modo, muchos siglos antes de Castiglione.
Así a lo largo de seiscientas páginas intensas en las que no se da puntada sin hilo ni respiro al lector en un recorrido que termina en la filtración de Al Ándalus en el irredentismo morisco, en el mito andalusí del paraíso perdido, un cronotopo que generó levantamientos y simpatías literarias y estuvo en la base de una tercera España, intermedia de la ortodoxa y la expulsada. Una tercera España que es también la de los conversos y Sefarad, que acaba refugiándose en el erasmismo y aflorando en figuras cervantinas como la de Ricote, tan profética a su pesar, tan admirable.
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Magnìfico libro que desde sus primeras pàginas se nos revela como un poderoso estimulante de la capacidad de reflexiòn,la cual corre peligro de extinciòn en esta España nuestra de Capuletos y Montescos,gúelfos y gibelinos y socialistas y populares. ¡Que Dios tenga misericordia!
Ha pasado una noche desde que terminé de leer el libro de Emilio González Ferrín. Aunque no soy un especialista, mi interés por lo “islámico” es viejo.
Gracias al maestro, entre sevillanos se acostumbra a llamar maestro lo mismo a un buen barbero, que a un buen esquilador de borricos, por su paciencia, porque escribir un libro como el que ha escrito tiene tela. Vamos, para que el par de malanges esos que enarbolan mitos como si manejaran bombas se enteren de lo que es Historia.
El mayor mérito de la obra es poner al lector a pensar desde la primera línea hasta la última. Las prisas del tiempo en el que vivimos nos tientan a dar explicaciones rápidas y espasmódicas. Esta Historia de Al-Ándalus nos introduce en otro tiempo, misteriosamente tanto más real que el tiempo que se mide de un día para otro.
La perspectiva del Emilio es de un milenio, que se dice pronto. Un milenio que hunde sus raíces en un milenio anterior y que es sabia de un milenio posterior.
La memoria de Al-Ándalus, viene a decir el autor, ha sido lobotomizada de la cultura española europea. No tanto. Cuando anteayer me pasé por la librería madrileña en la que suelo comprar ultimamente los libros sobre el Islam me doy con un par de ejemplares de otra Historia de Al-Ándalus. Como están plastificados no puedo ni tan siquiera hacer una cala a su contenido. en todo caso ahí está, para que mi paisano se de cuenta de que la lobotomía por lo que se empieza a ver es reversible.
Le recomendaría a Emilio que leyera, si no lo ha leido, el libro de Dave Lovering Lewis ” El Crisol de Dios. El Islam y el nacimiento de Europa (570-1215)”. Este americano, del oeste, sabe tanto sobre el tema como un sevillano. Váyamos a tener aquí una pelotera por aquello que le dijeron a Savater en Alemania. Los buenos historiadores tienen ya una perspectiva mundial de los hechos que estudian.
El mismo papa Silvestre II cuando aún era el monje Hildebrando fue a Al-Ándalus a aprender los números árabes.
El libro de Emilio González Ferrín es un muy buen libro, aunque su menosprecio inconsciente a la historiografía le cueste algún error de bulto, como por ejemplo dar por posible la relación entre dos de los más grandes sufíes: Ibn Arabí y Sohrawardi. Es imposible que se hubiesen encontrado fisicamente, porque cuando Ibn Arabí llegó a Alepo, ya hacía al menos una década que había muerto Sohrawardi.
Echo de menos que el maestro no haya estudiado la influencia de Ibn Arabí en Oriente como ha estudiado la influencia de Averroes en Occidente.
Por lo demás mi más sincera enhorabuena al autor por su obra.
Magnífico libro. Repleto de fina ironía, de documentación y conocimiento apabullante. Y extraordinariamente fácil de leer. Viene a refrendar a Ignacio Olagüe y a Blas Infante, con su denuncia de la manipulación de la Historia por parte del imperialismo español. Ni hubo conquista musulmana en 711 ni por consiguiente “Reconquista”.
Estimados colegas lectores. Normalmente se considera un despropósito contestar a las buenas reseñas. Por añadidura, como estoy acostumbrado a las malas -normalmente políticas, de ahí lo triste-, me encuentro desentrenado para estas lides. Sólo quería reconocerle a Paco su aguda matización sobre Ibn Arabí en Oriente. Desde que te leí hace unos días, Paco, me he empapado de Henri Corbin y creo que te debo una nueva perspectiva. Además, he encargado el libro que recomiendas de Lovering Lewis. En contrapartida, te recomiendo las historias proto-medievales de Christopher Wickam -de Oxford-. Son varias -fácilmente localizables por internet- y viene a decir que, en el Mediterráneo, todo es continuidad.
Seguimos en contacto. P.D. Ahora sale la 3ª edición corregida de lo mío de Al-Andalus. Como va con prólogo ‘recargado’, se lo regalo al que ya tenga alguna de las ediciones anteriores. Mi e-mail es fácilmente localizable en la Universidad de Sevilla.
me pa recio interesante pero me gustaria q me dijera de donde viene su apellido ferrin por que yo tanbien lo soy
no tengo ninguna rrespuesta
En mi primera opinión debo decir que el método de escritura es bastante divagante, esto hace su lectura complicada y tediosa. Y a la hora de consulta…su índice es poco preciso por lo cual si no llevas una pequeña idea de en que marco del periodo Andalusí ocurrió dicha duda, requerirá gran cantidad de tiempo solventarla.
Como he dicho es mi primera opinión cuando haya terminado su lectura espero que mi opinión sea otra. Aunque no creo que me precipite al afirmar que como libro de consulta-siento decirlo- es poco útil.
Es el mejor libro de historia de Al-Andalus que puedas tener en las manos y seguirá siéndolo por mucho tiempo. Le agradezco a Emilio la osadía que decir cosas que son no muchos se atreven a admitir, pero que caen por su peso. Este es un libro que combina una brillante erudición con un lenguaje coloquial y cercano, sin pedanterías, sin complicaciones innecesarias. Muchas gracias por tu trabajo.
La verdad es que estoy de acuerdo con casi todo lo que decís -excepto en que sea de fácil lectura-. Como soy casi un neófito en el tema tan sólo puedo añadir que su lectura me ha reafirmado en algunas sospechas que me habían asaltado, por pura lógica. Por ejemplo eso que nos contaban en las escuelas -y fuera de ellas- de que en 711 unos moros malos conquistaron España en pocos meses y en veinte años estuvieron a punto de conquistar Europa entera.
Mis dudas, digo, vienen de la mera lógica: si la OTAN lleva 10 años en Afganistán con aviones que rompen la barrera del sonido y todavía no han doblegado a los talibán o a los que sea, ¿cómo es posible que en menos tiempo, hace más de mil años, conquistaran España -o lo que fuera- unos pocos árabes montados a caballo?
Coincido en lo de que es de difícil lectura y no apto para consultas rápidas, lo que hace que personas no muy avezadas a la lectura no puedan acabarlo (lo he recomendado mucho y ya no me atrevo a hacerlo porque me echan una bronca).
Cosas que entorpecen la lectura:
- mal uso de los signos de puntuación (guiones “viudos”, puntos y comas, donde bastaría una coma, etc… Hay veces en que lees varios renglones buscando el segundo guión y llegas al punto y aparte), lo que no sé si es defecto del autor o de malos correctores de la editorial.
- uso de términos coloquiales, según mi parecer, muy inadecuados en una obra de estas características, como “la cosa andalusí”, muy bien para una conversación de café, pero en en libro de historia …
- algunas palabras, incomprensiblemente para mí en un filólogo, empleadas con significados que no son el suyo correcto, por ejemplo “diatriba”, que utiliza mucho como “contencioso”, “conflicto”, “enfrentamiento” o similares, siendo así que su significado es, según DRAE:
diatriba.
(Del lat. diatrĭba, y este del gr. διατριβή).
1. f. Discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo.
[Esto me recuerda a ese pésimo escritor y académico llamado Marías que confunde "vergonzante" con "vergonzoso" o "sendos" con "ambos"]
Esas cosas resultan irritantes y, en algún momento, me han hecho pensar “si la propia lengua la usa tan defectuosamente, ¿cómo puedo estar seguro de que traduce bien el árabe?”.
Conste que, aunque dura, mi crítica es de buena fe porque comparto sus tesis y las de Olagüe (éste sí que es didáctico, por ejemplo, con los resúmenes iniciales de cada capítulo) y me gustaría que cualquier persona lo leyese con placer.